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Sobre Sandra Kuntz Ficker (ed.), The First Export Era Revisited. Reassesing its Contribution to Latin American Economies

Enrique Cárdenas Sánchez1

Universidad Iberoamericana-Puebla

Historia mexicana,


El libro dirigido y editado por Sandra Kuntz Ficker The First Export Era Revisited. Reassesing its Contribution to Latin American Economies, es una excelente contribución a la discusión sobre el desarrollo de America Latina en la primera era del auge exportador del último tercio del siglo XIX y los primeros decenios del XX. Es una contribución importante a la historiografía económica latinoamericana pues responde, en los casos estudiados, a ideas y preguntas de la sabiduría convencional que no siempre fueron verificadas empíricamente a satisfacción en análisis más recientes. Tales teorías son la estructuralista y la de la dependencia, que han influido fuertemente en los estudios de la historia económica de la región, y que en ocasiones no se han contrastado con datos duros, ya sea por su inexistencia material, o bien por no haberse realizado los análisis correspondientes.

Los especialistas que participaron en el proyecto se propusieron utilizar un método inductivo que trata de probar o disprobar las teorías largamente sostenidas con base en información cuantitativa, a veces construida especialmente para estos propósitos, y con información cualitativa con evidencia suficiente. Así, el propósito del libro es reunir una serie de estudios de casos nacionales que se hagan las mismas preguntas enfocadas a evaluar el mérito de las teorías tradicionales que no han sido sistemáticamente evaluadas con información cuantitativa disponible. Y a partir de los casos específicos, intentan obtener una síntesis que permita encontrar cierta tipología de las experiencias diversas que muestran cada uno de los países que se estudian.

Son siete los países estudiados: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Así, atendiendo a las particularidades de cada caso, los autores revisan y contrastan los datos específicos para probar o disprobar las hipótesis tradicionales estructuralista y de la dependencia. Y justamente al llevar a cabo un método inductivo, los autores se propusieron explícitamente evitar la sobregeneralización que por tradición se ha establecido en este tema.

El análisis parte de una premisa fundamental: que la industrialización basada en el mercado interno al final del siglo XIX en la mayoría de los países era simplemente poco realista. La fragmentación de los mercados, poca infraestructura de transportes y poco ahorro interno impedían el desarrollo vía el mercado interno. En este sentido, el auge exportador proveía una fuente de ingresos que podría justamente romper lo que se veía como un círculo perverso de poco ahorro, poca inversión, poco crecimiento, poco consumo y todavía menos ahorro. La idea del libro es proveer un análisis sistemático para determinar, en cada caso, hasta qué punto la expansión exportadora y la integración de las economías latinoamericanas a la economía mundial fueron impulsoras de un crecimiento más balanceado y de un cambio estructural que facilitó la creación del mercado interno y de un proceso de industrialización. El enfoque trata a las variables relacionadas con el sector externo como exógenas (precios, demanda externa, tipo de cambio) y el análisis es de equilibrio parcial. Realmente me parece que los autores, en este aspecto, no tenían otra alternativa.

En lugar de comparar el desempeño de las economías impulsadas por el sector externo en el último tercio del siglo XIX con el deseable desarrollo industrial de los años postsegunda guerra mundial, la directora del proyecto propone equipararlo con la trayectoria previa. Se trata de ver si había alguna opción de cambio económico estructural sin una inyección externa de recursos y de otros choques que provocaran justamente un cambio en el derrotero de los diversos países. Naturalmente, el impacto de las fuerzas externas dependería de la dotación inicial de riqueza, de los costos de transporte y de la lotería de los productos, como mencionó hace años Carlos Díaz Alejandro.

Para realizar el análisis, la directora del proyecto construye, con base en las hipótesis tradicionales de los enfoques dependentistas y estructuralistas, una serie de indicadores que se pueden calcular, y otros que son meramente cualitativos pero sustentados en evidencia. El primero es el tema de los enclaves y sus consecuencias, como la exportación casi total de los ingresos, la falta de conexiones del sector exportador con el resto de la economía en la forma de urbanización, derramas económicas en salarios y compra de insumos locales, pago de impuestos limitados, etcétera.

El análisis se centra en diversos indicadores: el impacto directo del auge exportador, el valor de retorno de las exportaciones (que tanto de la producción se quedaba en el país en la forma de pago a los factores de la producción, compra de insumos nacionales, pago de impuestos y reinversión de utilidades), el poder de compra de los bienes exportados (que dependía de su volumen y de los términos de intercambio) y su uso en bienes importados (qué tipo de bienes se importaban, de consumo o de inversión, y su relación con la estructura tarifaria), las externalidades positivas causadas por el sector externo en otros sectores y actividades (como la construcción de infraestructura útil para otros sectores), eslabonamientos hacia adelante en la forma de producción de valor agregado adicional en el mismo sector, o bien en su incorporación como insumos en otros sectores o actividades (eslabonamientos hacia atrás), y el posible impacto del uso de energía moderna en sectores más allá del exportador. En general, los trabajos evalúan todos estos factores para ver si el tamaño y contribución al crecimiento era relevante, para ver si ocurrió un deterioro permanente de los términos de intercambio y revisar si sus conexiones con el resto de la economía eran pequeñas o inexistentes, como las teorías de la dependencia y estructurales suponen explícita y a veces implícitamente. O revisar si más bien el sector exportador estaba realmente conectado con el resto de la economía y, por tanto, tuvo un impacto mucho más profundo y abrió la puerta para el cambio estructural que se vivió en las décadas siguientes.

El contenido de los diversos capítulos por país siguen, en su mayoría y en lo general, la metodología y la estructura definidas desde un inicio, lo que permite un alto grado de comparabilidad y sistematización del análisis. Resulta interesante encontrar que la revisión sistemática, si bien es considerada como preliminar por los autores, es reveladora.

El caso de Argentina, estudiado por Sandra Kuntz y Agustina Reyes, muestra un muy alto impacto del sector exportador en el desarrollo industrial, de infraestructura y del mercado interno. La exportación de trigo y de carne congelada representó una transformación interna que repercutió en el proceso de urbanización, la construcción de instituciones y en el valor de retorno en la forma de gastos de producción, impuestos y retención de utilidades. Muchos de los migrantes, aunque de origen extranjero, se quedaron en Argentina, por lo que no hubo una remisión de utilidades importante. Este caso, ya muy estudiado por gran número de historiadores económicos argentinos, marca la pauta para el método seguido a lo largo del volumen en la mayoría de los casos y reafirma, con una revisión sistemática de los indicadores adoptados, la validación de las hipótesis centrales del libro en su conjunto.

En el caso de Bolivia, trabajado por José Alejandro Peres-Cajías y Anna Carreras Marín, la historia es un tanto diferente. El valor de retorno de sus exportaciones de estaño, plata y caucho es menor aunque no fue inexistente. Los autores atribuyen al auge exportador la construcción de los ferrocarriles, el fortalecimiento del Estado boliviano (aun su propia supervivencia) y la construcción de servicios públicos en las ciudades más importantes. No obstante, se reconoce que su impacto en la industrialización boliviana fue muy limitado.

Brasil es otro caso de un fuerte impacto del sector exportador en la economía, especialmente vía impuestos y ferrocarriles, aunque de menor envergadura que Argentina. El hecho de que el mayor producto de exportación fuera el café, y de que estuviera concentrado en oligarquías poderosas brasileñas, favoreció la acumulación de capital interno, con una participación externa importante en su distribución mundial. Dados los altos costos de transporte, la transición energética tuvo que esperar. Las conclusiones de los autores Christopher David Absell y Antonio Tena-Junguito contrastan con las teorías tradicionales del dependentismo, pero van en línea con argumentaciones más modernas del desarrollo brasileño.

Marc Badia Miró y José Díaz-Bahamonde son los autores del capítulo sobre Chile. En él se muestra que la contribución del sector exportador, sobre todo del salitre, fluctuó alredeor de 20% del pib en el último quinto del siglo XIX e inicios del XX, acusando fluctuaciones fuertes. Los autores muestran que el sector exportador tenía un valor de retorno que permanecía en Chile en la forma de impuestos y que impulsó la inversión pública y privada, sobre todo en las zonas mineras. Sin embargo, sus niveles son menores a los registrados en Argentina y México. Los autores concluyen que los eslabonamientos hacia adelante y hacia atrás fueron más bien limitados. El capítulo sobre Colombia, cuyos autores son José Antonio Ocampo y Santiago Colmenares Guerra, es un tanto distinto de los demás. Utilizan un enfoque regional para determinar las diferencias entre regiones y entre bienes, y muestran que el auge exportador tuvo lugar esencialmente en el primer cuarto del siglo XX. De acuerdo con estos autores, el caso de Colombia muestra claramente cómo el sector exportador del café, que a diferencia de Brasil se encontraba en muchas manos, contribuyó decididamente a la industrialización y desarrollo del mercado interno colombiano. Tanto los ingresos adicionales de los cafetaleros como el capital acumulado del sector se complementaron para desarrollar nuevas industrias. El eslabonamiento fiscal proveyó, asimismo, recursos adicionales para la creación de infraestructura y servicios públicos.

En el caso de México, cuyo capítulo es de Sandra Kuntz Ficker , se muestra con evidencia muy robusta cómo el auge exportador fue la llave que abrió la puerta a los inicios de una industrialización relativamente diversificada y moderna, la ampliación del mercado interno, y contribuyó vía impuestos a la construcción de infraestructura e incluso a la estabilidad macroeconómica. Considera que obtener este resultado, de haber seguido la trayectoria previa, sin la irrupción del auge exportador, simplemente no era factible. Sin embargo, este proceso -que duró hasta 1912- fue interrumpido por la Revolución, que le impidió al sector exportador aprovechar el auge de la demanda externa generado por la primera guerra mundial. Si bien en los años veinte se recuperó la exportación, fue sólo por poco tiempo dado que la demanda y los precios de sus productos declinaron antes de la crisis de 1929.

Finalmente, el caso de Perú muestra que el valor de retorno de la explotación del cobre y del petróleo no fue muy elevado. De acuerdo con el autor del capítulo, Luis Felipe Zegarra, el impacto del sector externo se transmitió más bien por dos mecanismos: más liquidez, que promovió aumentos de la disponibilidad de crédito, y recaudación fiscal, que contribuyó a la construcción de los ferrocarriles, varios puertos, caminos y la dotación de servicios públicos como agua y drenaje.

En el capítulo final, Sandra Kuntz Ficker hace un balance preliminar de las diversas hipótesis que planteó al inicio del proyecto y concluye que, en general, la experiencia del auge exportador en la primera era de la globalización tuvo consecuencias positivas. Generó inversión pública y privada, impulsó el mercado interno, fortaleció las finanzas y contribuyó con el crecimiento económico. No obstante, también reconoce que esa experiencia fue variada y particular en cada uno de los países revisados en este volumen. A ello contribuyó la “lotería de productos” de exportación, las estructuras de propiedad en cada país, sus condiciones iniciales y geografía, entre otras diferencias.

Probablemente las conclusiones más sugerentes de la colección de estudios de caso son que la tesis del deterioro de los términos de intercambio en el largo plazo de los países latinoamericanos no es apoyada por la evidencia. Hubo periodos de caídas, pero también de recuperación de los términos de intercambio. Y segundo, que la noción de que los enclaves eran la forma predominante de los sectores exportadores en América Latina no se ajusta a la experiencia histórica. Sí, hubo diferencias de grado y de características particulares de cada país, pero en general los sectores de exportación tenían conexiones con el resto de la economía de muy diversas maneras. De hecho, concluye Kuntz Ficker, no se puede hablar de enclaves o no enclaves, sino que había un continuo entre sectores particulares, cuya complejidad y conexión con el resto de la economía podía variar de casi nada complejo y aislado, a otro muy complejo y completamente interconectado.

Este volumen cumple con creces lo que se propuso: aplicar una serie de indicadores para revisar, sistemáticamente, las ideas centrales de las teorías estructuralistas y de la dependencia. Con estos siete estudios de caso de sendos países de América Latina, y con los capítulos introductorios y de conclusiones, el lector tendrá un más amplio conocimiento de las interconexiones del sector exportador y sus impactos sobre la trayectoria y composición de los demás sectores de la economía de esos países. Como dice la autora, todavía falta mucho por investigar, falta mucha evidencia para tener mayor certeza en la validación de las hipótesis planteadas. Pero por medio de este método inductivo se avanza con paso firme hacia un conocimiento más profundo y preciso de nuestro pasado.

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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 70, Núm. 3 (279) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 10 de diciembre de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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