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Sobre Eric Van Young, La ciudad y el campo en el México del siglo XVIII. La economía rural de la región de Guadalajara, 1675-1820

Antonio Ibarra1

Universidad Nacional Autónoma de México

Historia mexicana,


En su libro Por qué leer los clásicos, Italo Calvino sostiene que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.1 El ensayo fue publicado en L’Espresso, en junio de 1981, el mismo año en que vio la primera edición en inglés Hacienda and Market in Eighteenth-Century Mexico,2 que para nuestra historiografía reciente ya es un clásico.

Entre la publicación de la primera edición en castellano, por el Fondo de Cultura Económica en 1989, como La ciudad y el campo en el México del siglo XVIII,3 y la presente, han discurrido casi tres décadas y por ello es ocasión para aquilatar su influencia en la historiografía mexicanista y sus virtudes como modelo de explicación sobre el mercado y las economías campesinas que se articularon en una época de prosperidad con desigualdad, tan características de este país.

En esta nueva coedición con la Universidad de Guadalajara, se incluye un valor añadido gracias a una introducción conmemorativa del 25 aniversario, que constituye un recorrido por la historiografía que sucedió a su publicación. En ella, Van Young nos abre un haz de reflexiones que le dan absoluta pertinencia a esta nueva versión, inscrita en este tempo del conocimiento en historia económica.4

El libro de Van Young, como nos lo ha recordado, es “un dispositivo de su época”, esto es, un modo de entender, interpretar y explicar la historia desde los motivos de aquel momento y de la historia de quien lo escribió. ¿Qué movió a un joven estadounidense impresionado con el protagonismo de los campesinos vietnamitas a buscar, detrás de la cortina de nopal, a los actores de una rebelión que devino en una nación? ¿Qué interés tenía estudiar las tensiones entre el mercado y la comunidad campesina? ¿Qué desencuentro le produjo una ciudad que se americanizaba rápidamente para dejar atrás su bucolismo? ¿Qué añoranza encontró en la literatura de la hacienda y en la “conciencia” regional de los herederos de aquella sociedad agraria de terratenientes, rancheros y comerciantes decimonónicos?

Al cruzar la frontera, en los años setenta, como nuestro autor afirma, “andaba buscando una parte relativamente despejada del México colonial” y siguió el consejo de Enrique Florescano, que lo encaminó a Guadalajara, una ciudad con ricos archivos y “escasa historiografía moderna”.5 Y así leyó ese pasado en la escasa historiografía local, archivos que demandaban un esfuerzo de orden, y en los trazos de esa sociedad de cultivadores de una historia “matria” inscrita en su propio radio testimonial, en una perpetua búsqueda de su peculiaridad, pero sin aspiraciones a explicar su pasado en un contexto más amplio, más reflexivo.6

La escritura de una historia local, que a la vez tuviera preguntas de su época y de un horizonte teórico y cultural, constituyó la ruptura de la investigación doctoral del joven Van Young, encaramado entre dos influencias intelectuales: Woodrow Borah y Enrique Florescano. En un sentido, cabalgó entre la tradición americanista de la Escuela de Berkeley, el magisterio de David Brading y la nueva historiografía económica de tradición francesa, que portaba el joven Florescano, su interlocutor mexicano. Estas dos influencias convergentes le permitieron leer, con mayor complejidad, lo que hasta entonces era una crónica local de un mundo rural estilizado en las escenas de campo pintadas por Francisco Icaza: hombres de a caballo, faenas de campo, guitarras y tercios del vestir charro, imbricados con linajes y mayorazgos que declinaron por voluntad de próceres liberales.

Si bien Van Young procuraba documentar una historia social del mundo agrario en una escala local, las fuentes disponibles le impusieron historiar la vida material y, como confiesa, “en cierto sentido volví a caer en la historia económica de la ciudad y su hinterland, y de las grandes propiedades rurales de la región, lo que arrojó el tipo de historia unilineal característica de los estudios económicos”.

Ese dispositivo de su tiempo también fue testigo de una asimetría entre la tradición historiográfica estadounidense, muy profesionalizada y cosmopolita, y una nueva historiografía requerida por un México descreído de su vieja narrativa nacionalista, que eclipsó la historia colonial e hizo de la Revolución el emblema de la abolición de la gran propiedad agraria. El contexto institucional experimentaba una transformación en la creación o fortalecimiento de los centros de investigación, la infraestructura para los archivos, señaladamente el Archivo General de la Nación y algunos regionales, así como distintas formas políticas de pensar la historia, entre ellas la económica. Sin embargo, lo que se requería para transformar el paradigma de la hacienda señorial implicaba investigaciones empíricas que demandaban mejores investigaciones de archivo.

La mirada de Van Young se vio marcada por un acercamiento a la vida cotidiana de México gracias a su estancia en Guadalajara, que habría de ser un “capital de comprensión cultural” que lo llevaría a dedicar su vida profesional a estudiar este país, en sus distintos momentos y escalas de observación: las condiciones materiales de la desigualdad social, la protesta campesina -violenta y ritualizada-, así como la interpretación del México decimonónico desde un actor conservador, Lucas Alamán, privado de una biografía como sujeto social y de comprensión cultural de su conservadurismo político.

El impulso dado a la investigación sobre el pasado de México en Estados Unidos le permitió a Van Young tener un espacio para mirar el espejo dual de los pasados México/americanos, cultivar generosamente la docencia y encaminar a estudiantes a valorar al vecino, a los vecinos, a la vez que poner la investigación sobre el México moderno en los debates historiográficos contemporáneos.

Pero su libro que ahora se editó de nuevo, gracias al apoyo de la Universidad de Guadalajara, supuso para el autor un esfuerzo superior de puesta al día sobre las líneas de fuerza de la historiografía agraria de las últimas cuatro décadas. Van Young ha hecho un ejercicio de retorno a los temas del mundo rural y sus actores, un “marco de discusión” le ha llamado, a la vez que abre un diálogo con otra generación de investigadores que han devenido en historiadores culturales de la economía rural mexicana. Como ha señalado John Coatsworth en la presentación al texto, la publicación hará “más fácil enlazar la investigación pionera de décadas pasadas con la nueva ola académica”.7

En ese ejercicio de actualización historiográfica, el autor ha elegido tres temas relevantes, a saber: la propiedad agraria y la “genealogía” del mundo del trabajo; la competencia y complementariedad entre la producción agraria comercial y la economía campesina; y la conflictividad campesina desde las condiciones materiales y subjetivas que impulsaron las disputas legales, la protesta y la violencia patológica.

Si bien los estudios agrarios fueron dejados de lado por la historiografía económica reciente, Van Young nos revela, muy en su estilo de escritura, que tampoco se dejó a la institución de la hacienda “retorciéndose en la arena y jadeando por la falta de aire en la playa historiográfica”.8 Volver a pensar la gran propiedad, desde una mirada “antropologizada”, implica revisar una nueva ecuación entre la vida material, las subjetividades de actores y las relaciones contradictorias, mediadas por el mercado y cifradas en una compleja institucionalidad que oscila entre lo formal y lo informal.

Hoy su texto admite otras lecturas, más allá de una historia local/ regional, bien asentada en una sólida argumentación desde la historia económica, pese a que no lo deja satisfecho porque su mirada actual ha sido “adulterada” por la escritura de una historia social y cultural de la violencia campesina, como se ensayó en La otra rebelión.9

Sin embargo, si situamos el libro de Van Young en la trama del impacto que tuvo para la historiografía regional, no puede verse en solitario: su texto fue seguido de los trabajos de Linda Greenow10 y de Robert Lindley.11 Tres textos capitales que pondrían la observación de lo local/regional en otra escala y que serían piedra fundacional de una nueva historiografía. En la tradición americanista de la escuela sevillana, el libro de Ramón Serrera,12Guadalajara ganadera, constituye un antecedente importante para reinterpretar el papel de la región en la economía novohispana.

El momento de esta transición historiográfica se vio estimulado por el trabajo de Carmen Castañeda, tanto en la organización de los archivos coloniales como en la publicación de fuentes de época, y por su propio trabajo sobre la Universidad de Guadalajara y las élites regionales.13

Una herencia inobjetable fue pensar la historia regional como problema antes que como narrativa de la particularidad, y con ello se produjo un giro en los intereses de mi generación, que desde la economía o la historia proyectamos un nuevo discurso en la historia económica regional: frente al “regionalismo” tradicional, la hipótesis de la “regionalidad” como problema para entender la configuración compleja de las economías y sociedades regionales.14

La ponencia que presentara Van Young en 1985, en la reunión de historiadores mexicanos y norteamericanos de Oaxaca, “Haciendo historia regional”, constituye un punto de inflexión para la historiografía regional: las regiones geohistóricas deben ser vistas, antes que como realidades dadas, como “hipótesis por demostrar”; por ello son “buenas para pensar”. En el caso de las narraciones locales/regionales no hay problemas e hipótesis a verificar, sólo son costumbrismo historiográfico.15 En ese trabajo quedan pautadas sus hipótesis sobre la organización espacial de los mercados regionales que configuraron el tejido social y político de esa diversidad de escenarios regionales que reclamaban una explicación más allá de los particularismos.

Junto con la discusión sobre la organización del mercado interno colonial novohispano iniciamos un diálogo crítico con Van Young, con quien hay una empatía intelectual y una larga amistad que me ha permito releer Hacienda y mercado para encontrar en él los pliegues de un pensamiento fértil, un ejercicio cuidadoso de investigación y un espejo de dudas y certidumbres.16

Quizá convenga cerrar este comentario volviendo a Calvino, repitiendo con sus palabras que los clásicos “son libros que ejercen una influencia particular, ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual”.17

El libro de Van Young es uno de esos clásicos: porque siempre se vuelve a él con la certeza de que encontraremos algo que reflexionar y, aunque se niegue a reconocerlo, la historia económica -como alguna vez escribió- es como la malaria, vuelve cada cierto tiempo y sus fiebres son terapeúticas… Este libro nos hará volver a repensar la historia económica de México en otras claves.





Notas al pie:

1.

fn1Italo Calvino, Por qué leer los clásicos, Madrid, Siruela, 2009.

2.

fn2Eric Van Young, Hacienda and Market in Eighteenth-Century Mexico. The Rural Economy of the Guadalajara Region, 1675-1820, Berkely, University of California Press, 1981, y reeditada en 2006.

3.

fn3Eric Van Young, La ciudad y el campo.

4.

fn4Eric Van Young, La ciudad y el campo, pp. 19-56.

5.

fn5Eric Van Young, La ciudad y el campo, p. 26.

6.

fn6Véase Eric Van Young, “Introduction: Are Regions Good to Think?”, en Eric Van Young (ed.), Mexico’s Regions. Comparative History and Development, San Diego, Center for U.S.-Mexican Studies, ucsd, pp. 1-36.

7.

fn7Eric Van Young, La ciudad y el campo, p. 17.

8.

fn8Eric Van Young, La ciudad y el campo, p. 24.

9.

fn9Eric Van Young, La otra rebelión. La lucha por la independencia de México, 1810-1821, México, Fondo de Cultura Económica, 2006 (edición en castellano de The Other Rebellion, Stanford University Press, 2001).

10.

fn10Linda Greenow, Credit and. Socioeconomic Change in Colonial Mexico. Loans and Mortgages in Guadalajara. 1720-1820, Boulder, Colorado, Westview Press, 1983.

11.

fn11Richard Lindley, Haciendas and Economic Development. Guadalajara, Mexico, at Independence, Austin, The University of Texas Press, 1983. (Publicado en castellano como Las haciendas y el desarrollo económico. Guadalajara, México en la época de la Independencia, México, Fondo de Cultura Económica, 1987.)

12.

fn12Ramón María Serrera, Guadalajaraganadera. Estudio regional novohispano, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Consejo Superior de Investigación Científica, 1977. El mismo autor también publicó, con un estudio preliminar, la importante Descripción y censo de José Menéndez Valdés de 1791-1793, así como la Relación del intendente Abascal de 1803, que constituyen fuentes esenciales de la economía regional.

13.

fn13Carmen Castañeda (ed.), Elite, clases sociales y rebelión en Guadalajara y Jalisco, siglos XVIII y XIX, Guadalajara, El Colegio de Jalisco, 1988, pp. 17-57. Merece señalarse la publicación de la Descripción de la Nueva Galicia de Domingo Lázaro de Arregui (1621), con el estudio de François Chevalier.

14.

fn14Eric Van Young, “Introduction: Are Regions Good to Think?”, pp. 11-12.

15.

fn15Para el autor, las dos razones para reflexionar sobre las regiones eran la “empírico-histórica” y la “teórica”, ambas ausentes en la historiografía regional costumbrista. Eric Van Young, La crisis del orden colonial. Estructura agraria y rebeliones populares de la Nueva España, 1750-1821, México, Alianza Editorial, 1992, pp. 430-431.

16.

fn16La glosa de ese diálogo, por más de dos décadas, puede verse en su presentación a mi libro, Mercado e Institución: corporaciones comerciales, redes de negocios y crisis colonial. Guadalajara en el siglo XVIII, México, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad de Guadalajara, Bonilla Artigas, 2017. El estudio sobre la economía regional, crítico del enfoque de Van Young puede verse en mi libro La organización regional del mercado interno novohispano. La economía colonial de Guadalajara, 1770-1804, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2000.

17.

fn17Calvino, Por qué leer los clásicos.


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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 70, Núm. 3 (279) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 10 de diciembre de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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