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Sobre Brian Hamnett, The Enlightenment in Iberia and Ibero-America

Roberto Breña

El Colegio de México

Historia mexicana,


Pocos periodos históricos han sido objeto de una transformación historiográfica tan profunda durante las últimas décadas como la Ilustración. El principal responsable de esta “revolución intelectual” es, sin duda, Jonathan Israel, profesor del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton. En 2001, Israel publicó Radical Enlightenment. Philosophy and the Making of Modernity, 1650-1750. Éste fue el primero de tres gruesos volúmenes que este autor dedicaría al tema a lo largo de una década. El segundo volumen lleva por título Enlightenment Contested. Philosophy, Modernity, and the Emancipation of Man, 1670-1752) y fue publicado en 2006, mientras que el tercero se titula Democratic Enlightenment. Philosophy, Revolution, and Human Rights, 1750-1790) y vio la luz en 2012.1 Es imposible rozar siquiera en estas líneas lo que estos tres libros han supuesto para el estudio de la Ilustración en la academia occidental (en total, estamos hablando de más de 2 500 páginas), pero cabe mencionar brevemente algunos de los elementos centrales de la propuesta interpretativa de Israel.

En primer lugar, para él la Ilustración es un movimiento europeo intelectual y culturalmente integrado (es decir, Israel ve con escepticismo la proliferación de estudios sobre la Ilustración de cada país o Ilustraciones nacionales). Desde su punto de vista, el único marco válido para el estudio de la Ilustración es el internacional (incluyendo por supuesto las ramificaciones europeas). En segundo lugar, para Israel la Ilustración consiste en dos movimientos totalmente contrapuestos: por un lado, una Ilustración moderada, cuyos principales representantes, para sorpresa de muchos, son personajes de la talla de Newton, Descartes, Locke, Montesquieu, Voltaire, Hume y Kant, y por otro, una Ilustración Radical (la mayúscula es de Israel), cuyos re- presentantes más destacados serían Spinoza en primerísimo lugar y enseguida Bayle, Holbach, Helvecio, Diderot, Condorcet y Paine. Para Israel, esta Ilustración Radical tiene como base filosófica el monismo spinoziano, lo que tiene toda una serie de implicaciones materialistas y racionalistas, las cuales derivan, en lo político, en posturas republicanas e incluso democráticas. En cuanto a la controvertida relación entre Ilustración y Revolución, el autor establece una relación causal directa entre la Ilustración Radical y las revoluciones que tuvieron lugar en Europa y América durante la llamada “Era de la Revolución”. Respecto a la revolución francesa, en una especie de resumen que publicó sobre dicha relación en 2010, Israel escribe lo siguiente: “De hecho, sin referirnos a la Ilustración Radical ningún aspecto de la Revolución Francesa tiene sentido o puede siquiera empezar a ser explicado de manera provisional”.2

La última cita es un buen ejemplo de las exageraciones de forma y fondo en las que Israel incurre con relativa frecuencia, lo que contribuye a explicar la gran cantidad de críticas que ha recibido su interpretación de la Ilustración, algunas de ellas muy atendibles.3 Las razones de estas críticas son muy variadas y van desde la centralidad absoluta de Spinoza como una especie de primer motor, inspirador aparentemente ubicuo e influencia omnipresente de la Ilustración Radical, hasta el maniqueísmo y simplificación que están detrás del juego de suma cero que Israel plantea entre las Ilustraciones “moderada” y “Radical”, pasando por la causalidad directa que establece entre la Ilustración Radical y las revoluciones atlánticas, es decir, entre libros, ideas y debates intelectuales por un lado, y prácticas políticas y sociales por otro (además, en tiempos convulsos como son los revolucionarios). Pese a tener antecedentes tan renombrados como Isaiah Berlin, quien era proclive a establecer vínculos directos entre pensadores y movimientos políticos separados por siglos, desde hace décadas las causalidades de este tipo han sido prácticamente desechadas o por lo menos tratadas con suma precaución por las corrientes más importantes de la historia intelectual contemporánea.

En medio de un contexto historiográfico tan dinámico como el sugerido hasta aquí, el libro del infatigable historiador inglés Brian Hamnett sobre las Ilustraciones ibéricas e iberoamericanas es una importante contribución a un debate que, como el propio autor expresa en la primera página de su libro, pretende colocar a dichas Ilustraciones dentro de la discusión actual sobre la Ilustración en general. Más concretamente, su libro busca ser, como él lo dice explícitamente, una respuesta a todos aquellos que no saben que no solo existió una Ilustración en España y en Portugal, sino también en sus territorios americanos. Cabe apuntar que Israel ya había respondido de alguna manera a esta cuestión, si bien en mucho menor medida, pues en Democratic Enlightenment incluye un capítulo sobre la Ilustración española y otro sobre la Ilustración iberoamericana. En cualquier caso, Hamnett plantea su libro como un texto no sólo de historia de las ideas, sino en la misma medida como un estudio sobre individuos, redes, vínculos, grupos y facciones. En palabras del propio autor, en The Enlightenment in Iberia and Ibero-America, como en cualquier otro estudio sobre la Ilustración, encontraremos tanta filosofía como prosopografía (“as much prosopography as there is philosophy”).4

Antes de entrar en materia, conviene señalar que en la Introducción Hamnett hace una valoración muy positiva de la obra de Israel y afirma que su división entre una Ilustración moderada y una Radical le parece muy útil para acercarse a la relación entre la Ilustración y las revoluciones del último cuarto del siglo XVIII y primero del siglo XIX (incluyendo por supuesto las hispanoamericanas). Ahí mismo Hamnett advierte, sin embargo, que pese a lo sugestivas que son las tesis de Israel, en su libro no las tomará como modelo. Ahora bien, a pesar de lo que plantea el autor en dicha introducción sobre la utilidad potencial de la dicotomía ilustrados moderados/ilustrados radicales (p. 7), lo cierto es que, como veremos en esta reseña, dicha contraposición resulta muy poco iluminadora para las Ilustraciones que él trata en su libro. En cualquier caso, conviene subrayar que para Hamnett el factor más importante para entender la Ilustración, sean las ibéricas o cualesquiera otras, es lo que él denomina la “transferencia” (transference) de las ideas científicas y filosóficas a las esferas social y política. Esta transferencia es una preocupación que recorre todo el libro que nos ocupa y constituye un tema al que volveremos al final de estas líneas.

Desde el primer capítulo de su libro, Hamnett pone sobre la mesa la moderación de las Ilustraciones española e hispanoamericanas. Respecto a la primera, esto queda bien claro en su tratamiento de la figura de Jerónimo Feijoo, tradicionalmente considerado el preilustrado más importante de España. En cuanto a la Ilustración en América, Hamnett es también muy explícito: “Las ideas y las prácticas ilustradas representaban un hilo tenue en la América española en las últimas décadas de la centuria [el siglo XVIII]” (p. 40). Las muestras de esta moderación aparecen a lo largo de todo el libro: desde las enormes dificultades que tuvo que enfrentar otro insigne preilustrado, Gregorio Mayans (p. 32), hasta el carácter oficialista y estatista que define a las Ilustraciones ibéricas e iberoamericanas (p. 267), pasando por una larga serie de ejemplos concretos, algunos de los cuales enumero a continuación: la suerte que corrió el ilustrado peruano Pablo de Olavide ante la Inquisición (pp. 43-44); las resistencias que la Universidad de Salamanca presentó ante las reformas académicas que se pretendieron instaurar en 1770 (p. 63); lo difícil que es hablar con rigor de una “Ilustración católica” (p. 70); la tendencia a confundir la Ilustración tanto con las reformas borbónicas como con el regalismo (p. 82); el talante muy poco ilustrado del Marqués de Pombal (considerado el más grande representante de la Ilustración oficial portuguesa, p. 83); los múltiples sinsabores que vivió un ilustrado nada revolucionario como era el Conde de Cabarrús (p. 105); la inexistencia de una sola Sociedad Económica en Brasil (p. 117); las condiciones adversas bajo las cuales se desempeñaron tanto los ilustrados portugueses como los brasileños y las consecuentes limitaciones que mostraron en diversos ámbitos (pp. 133-136); la suerte del explorador Alejandro Malaspina y de sus importantes descubrimientos geográficos (pp. 149-150); el origen prácticamente apolítico y carente de ideas políticas de la Ilustración en el mundo hispánico (p. 164); las vicisitudes del moderado ilustrado novohispano Francisco Xavier Gamboa (pp. 167-170) o del virrey Revillagigedo (pp. 173-174); las ambigüedades que revelan en muchos sentidos ilustrados peruanos tan reputados como Baquíjano y Unanue (pp. 198-202) y, para no extenderme más, la enorme fortaleza de la Contra ilustración en el mundo hispánico y la omnipresencia de la Inquisición cuando de temas “ilustrados” se trataba, sobre todo en la España peninsular (lo que lleva a Hamnett a dedicarle a la Contra ilustración un capítulo entero, el noveno, pp. 242-263).

El listado precedente no sólo muestra o sugiere las limitaciones y ambigüedades de la Ilustración hispánica, sino también el enorme espectro de temas que cubre el libro que nos ocupa. En The Enlightenment in Iberia and Ibero-America el lector encontrará planteamientos sugestivos sobre la Ilustración española, por supuesto, pero también sobre sus antecedentes humanistas, novatores y arbitristas; sobre el regalismo; sobre la reforma católica; sobre el absolutismo metropolitano; sobre las relaciones entre las metrópolis ibéricas y sus colonias; sobre las reformas borbónicas; sobre el medievalismo de la Ilustración peninsular; sobre el papel de la historia en la Ilustración hispánica; sobre Pombal y la Ilustración lusitana; sobre el tema de la representación; sobre la relación entre las ideas y las prácticas; sobre las Ilustraciones novohispana y peruana;5 sobre la Contra ilustración en la España peninsular;6 sobre la Inquisición y su peso sobre la vida social en general en el mundo hispánico, y por último, y sin ánimo de ser exhaustivos, sobre los nexos entre la Ilustración y la Revolución. Hasta donde sé, no existe otro libro tan ambicioso y tan completo sobre las Ilustraciones ibéricas. Si a eso se añade la notable cantidad y variedad de lecturas que hizo Hamnett para redactar este libro, el oficio historiográfico que refleja a cada paso, la capacidad reflexiva del autor, su renuencia a lanzar juicios apresurados o altisonantes, así como una pluma de una limpieza envidiable, el balance final no es difícil de colegir. Estamos ante un libro sólido y meditado. Sin embargo, esto no quiere decir que los lectores no tendrán desacuerdos con Hamnett, aunque sólo sea porque son demasiados los temas, los personajes y los debates tratados. Por mi parte, he expresado la contradicción que veo entre los elogios que lanza Hamnett en la introducción de su libro a la visión dicotómica que plantea Israel sobre la Ilustración y la prácticamente nula utilidad que esa dicotomía tiene a lo largo de su libro. A este respecto, cabe mencionar que las causalidades directas que Israel establece entre la Ilustración y la Revolución en el capítulo que dedica a la América española en Democratic Enlightenment distan notablemente de las múltiples precauciones que el autor plantea respecto a dicha relación en varios pasajes de su libro.7 Empiezo a cerrar esta reseña aludiendo a esta cuestión, a la cual, como ya señalé, Hamnett otorga una importancia considerable desde la Introducción.

El tema anterior me terminará llevando a otro con el que está estrechamente vinculado: la preeminencia en la Ilustración hispánica de los temas educativos, científicos, médicos y geográficos; una preeminencia que por momentos resulta avasalladora y que es aún más evidente en el caso de las Ilustraciones iberoamericanas. Esto, sobra decirlo, no las hace menos ilustradas, pero sí les otorga un carácter distintivo cuando se les compara con otras Ilustraciones. Este punto me parece crucial para no seguir embarcados en un debate estéril sobre si hubo o no una Ilustración en español y en portugués. Sin duda la hubo, pero fue de carácter eminentemente científico (considerando el vocablo en un sentido amplio) y, en esa medida, de escasa profundidad y escasamente “rompedora” en términos políticos.

El libro de Hamnett no deja lugar a dudas a este respecto. Como varias páginas dedicadas a las Ilustraciones brasileña, novohispana y peruana lo muestran, en estas latitudes la Ilustración es con frecuencia sinónimo de proyectos industriales que fracasaron, ejercicios periodísticos siempre vigilados por la Inquisición, reformas educativas que casi nunca llegaron a buen puerto y expediciones geográficas más o menos exitosas. En lo que concierne a la Ilustración española, me parece que Jovellanos, su trayectoria y su obra reciben menos atención de la que un personaje como él ameritaba en un libro en el que la Ilustración española es la más importante. No es que el célebre pensador asturiano no aparezca en las páginas de The Enlightenment in Iberia and Ibero-America, pero Jovellanos es, con diferencia diría yo, el ilustrado español más importante. Ahora bien, conociendo su trayectoria personal y pública, sus avatares, su obra, su correspondencia y su diario es evidente que estamos ante un hombre, un intelectual y un político que destaca por su moderación en todos los ámbitos. Pese a ella, Jovellanos enfrentó enormes adversidades para echar a andar sus proyectos académicos, fracasó estrepitosamente como político y fue encarcelado o recluido durante siete años por lo que representaba y por las reformas que pretendió llevar a cabo. Por último, una vez arribada la crisis política de 1808, fue completamente rebasado por los acontecimientos y por la revolución liberal peninsular. Su activa participación en la Junta Central terminó desacreditándolo ante sus compatriotas y terminó su vida enormemente decepcionado del derrotero que habían tomado los acontecimientos políticos y de lo que éstos implicaron para su vida pública y personal. Por supuesto, un movimiento tan vasto como la Ilustración española no se puede resumir en un solo hombre, pero considero que la trayectoria, las vicisitudes y la suerte de los afanes y propuestas de Jovellanos a lo largo de su vida son muy ilustrativas y sumamente útiles para calibrar la moderación y los límites de dicha Ilustración.8

Como quedó dicho, es en la Introducción donde el autor plantea esa relación que cabe considerar, en consonancia con él, uno de los puntos nodales en cualquier análisis sobre la Ilustración: el vínculo entre las ideas y las prácticas sociopolíticas. A este respecto, el propio Hamnett proporciona pistas a lo largo de su libro; por ejemplo, en algún momento afirma que en la Ilustración hispanoamericana la relación entre una perspectiva científica amplia y la emergencia de una conciencia política es “precaria” (p. 165). Desde su punto de vista, el foco interpretativo debe centrarse en las cambiantes relaciones materiales que la metrópoli estableció con sus colonias a partir de cierto momento; unas relaciones que el ascenso de Napoleón modificó de modo radical y cuyas consecuencias terminarían afectando a todo el orbe hispánico. Es aquí, desde la perspectiva de Hamnett, donde habría que buscar los motivos de los cambios en la mentalidad de los españoles americanos (cabe añadir que con variaciones notables dependiendo de la región de que se trate) y no en un supuesto vínculo entre pensamiento científico y cambio político. Dicho de otra manera, se podía ser un decidido defensor de Newton dentro de las universidades, de las sociedades económicas o de las instituciones científicas del mundo hispánico, y al mismo tiempo abogar con igual vehemencia por el mantenimiento sin mayores retoques de las estructuras sociales y políticas existentes. En el mismo sentido, en algún momento Hamnett critica la inter- pretación de Tocqueville (refrendada en el siglo XX por François Furet) en el sentido de que fueron los ilustrados franceses, los philosophes, quienes provocaron la revolución francesa (pp. 261-262). Perspectivas teóricas como éstas provocaron que se pasara, escribe Hamnett, de la preeminencia de las causas sociales y económicas a las causas intelectuales, culturales si se quiere (es aquí donde el autor hace referencia a la obra de François-Xavier Guerra). Para el autor, estos enfoques pierden de vista las crisis financieras, la guerra y los violentos enfrentamientos políticos que caracterizan a toda revolución. En esta línea, considera que la revolución francesa debe ser vista sobre todo con base en la lucha entre revolución y contrarrevolución. De la misma manera, la Ilustración ibérica debe ser entendida como una dialéctica entre transformación y tradición (“a dialectic between transformation and tradition”).9

Para concluir, dedico un par de párrafos a la cuestión de la Ilustración y el liberalismo. Para Hamnett, a pesar de que el segundo tiene algunas raíces en la primera, Ilustración y liberalismo fueron fenómenos distintos y correspondieron a momentos históricos diferentes. Que existan algunos traslapos entre ambos procesos no implica que haya conexiones inevitables o lineales entre ellos. Si el autor se ve precisado a hacer esta aclaración es porque sigue con nosotros la tendencia a establecer entre ambos procesos relaciones causales y concatenaciones que no sólo no iluminan a la Ilustración o a la “Era de la Revolución”, sino que más bien tienden a oscurecerlas.10 Tal como escribe Hamnett en la parte final de su libro, en la Ilustración hispánica hubo corrientes de enorme peso que pretendían mantener prácticamente intocadas las estructuras sociales y políticas de su tiempo (p. 265). Además, para casi todos los ilustrados ibéricos e iberoamericanos el rey debía ser el centro, núcleo y origen de todos los cambios, un planteamiento que está en abierta contradicción con lo que pretendió la revolución liberal española desde el primer momento, por no decir nada de las repúblicas hispanoamericanas. Por último, no está de más señalar aquí una cuestión metodológica que, me parece, se olvida con demasiada frecuencia (no es el caso de Hamnett): establecer causalidades directas entre un movimiento eminentemente intelectual/cultural y un movimiento sociopolítico violento, agitado e inesperado como lo es toda revolución, es un ejercicio arriesgado en el mejor de los casos, cuando no francamente ingenuo en términos historiográficos.

Como afirma Hamnett en sus “Comentarios finales” (Final Re- marks), en el caso de las Ilustraciones ibéricas e iberoamericanas, la Ilustración no marca una línea divisoria entre el medievalismo y la modernidad, entre el fanatismo y la racionalidad. Enseguida, el autor se pregunta si esto representa un fracaso (failure) por parte de los ibéricos y de los iberoamericanos. “A esto, la respuesta debe ser no, no lo fue. Todo depende de cómo entendamos la Ilustración y cómo veamos la herencia cristiana en el mundo ibérico, así como la relación entre ambas” (p. 271). La revolución francesa no debe definir a las otras Ilustraciones, afirma aquí Hamnett con sobrada razón; a lo que enseguida añade algo que disminuye ese élan internacional e internacionalista que parece alimentar a prácticamente todas las demás Ilustraciones: “[L]a Ilustración en Iberia e Iberoamérica se derivó más de necesidades y tradiciones autóctonas [indigenous] que de influencias externas” (p. 272). De manera harto reveladora, al menos para quien esto escribe, el autor concluye que la Ilustración ibérica e iberoamericana no fue un fracaso porque dentro de su espacio geográfico redefinió, como se lo propuso, la naturaleza de la educación y las bases del conocimiento científico y médico de su época. Al hacerlo, añade Hamnett en la última página de su libro, sus practicantes no negaron las verdades de la religión cristiana. Un añadido que me parece esencial para calibrar los alcances de dichas Ilustraciones.

Cerrar un libro sobre la Ilustración en el mundo ibérico e iberoamericano con los presupuestos, los planteamientos y las inferencias que se desprenden de los dos párrafos anteriores responde, a mi parecer, al objetivo que el autor se planteó en las primeras líneas de la Introducción:

¿cómo insertar a las Ilustraciones española, portuguesa, hispanoamericana y brasileña en el debate actual sobre la Ilustración? La respuesta que proporciona Hamnett a lo largo de The Enlightenment in Iberia and Ibero-America y que resume en las nueve páginas de los comentarios finales no es la que los “reivindicadores” de esas Ilustraciones como movimientos profundos y poderosos hubieran deseado o esperado, pero es una respuesta que refleja bien las ambigüedades, tensiones y limitaciones que acompañaron a esas Ilustraciones de parte a parte.




Notas al pie:

1.

fn1 Solamente el primero de estos tres volúmenes ha sido traducido al español: La Ilustración radical. La filosofía y la construcción de la realidad, 1650-1750, México, Fondo de Cultura Económica, 2012. Cabe apuntar que hasta la aparición de este libro en 2001, la interpretación “canónica” de la Ilustración era la de Peter Gay, cuyos dos volúmenes dedicados al tema (The Enlightenment: An Interpretation. I: The Rise of Modern Paganism, y The Enlightenment: An Interpretation. II: The Science of Freedom), publicados respectivamente en 1966 y 1969 por Knopf, nunca fueron traducidos al español.

2.

fn2A Revolution of the Mind. Radical Enlightenment and the Intellectual Origins of Modern Democracy, Princeton, Princeton University Press, 2010, p. 224

3.

fn3Me limito a mencionar cuatro de ellas: Paolo Casini, “Spinoza, il materialismo e i radicali liberi”, en Rivista di filosofia, 3 (2006), pp. 387-408; Antoine Lilti, “Comment écriton l’histoire intellectuelle des Lumières? Spinozisme, radicalisme et philosophie”, en Annales, 64 (2009), pp. 171-206; Dan Edelstein, The Enlightenment: A Genealogy, Chicago, The University of Chicago Press, 2010 (véase particularmente el capítulo 13); por último, el ensayo-reseña de Johnson Kent Wright, “Democratic Enlightenment”, en H-France Forum, 9: 1 (invierno 2014): http://www.h-france.net/forum/forumvol9/Israel1.pdf.

4.

fn4Página 3; a partir de aquí, las referencias al libro de Hamnett aparecerán dentro del texto de la reseña con el número de página entre paréntesis; todas las traducciones son mías.

5.

fn5Las Ilustraciones en los demás territorios americanos reciben un tratamiento “muy somero” (la rioplatense, por ejemplo, dos páginas, 162 y 163). Es cierto que el virreinato del Río de la Plata fue creado hasta 1776, pero dos páginas son muy pocas.

6.

fn6El tratamiento de las Contra ilustraciones americanas es, una vez más, superficial.

7.

fn7Véase “Philosophy and Revolt in Ibero-America (1765-1792)”, en Democratic Enlightenment. Philosophy, Revolution, and Human Rights, 1750-1790, Oxford, Oxford University Press, 2013, pp. 504-534. Cabe apuntar que, tanto el título del capítulo como el título y subtítulo del libro en su conjunto apuntan a causalidades y anacronismos que la lectura del libro de Israel no hace más que confirmar. El epílogo del libro (pp. 937-951) lleva por título “1789 as an Intellectual Revolution”.

8.

fn8Si se me permite la licencia interpretativa, el célebre retrato de Goya (que hoy cuelga en el Museo del Prado) fue pintado en 1798, cuando Jovellanos era el encargado del Ministerio de Gracia y Justicia. En ese cuadro se refleja bien esa decepción respecto a la vida política que tanto las cartas de Jovellanos como su diario muestran de modo fehaciente. Su paso por dicho ministerio estuvo lleno de adversidades (incluyendo un intento de envenenarlo) y apenas duró nueve meses. El ministro Jovellanos no logró prácticamente nada de lo que se propuso (entre otras cosas, y ya que estamos tratando el tema de la Ilustración, reducir los poderes de la Inquisición y reformar el plan de estudios de la Universidad de Salamanca).

9.

fn9Como se desprende de esta propuesta interpretativa (que hace Hamnett en la p. 263), el radicalismo, como quiera que se le entienda, no tiene aquí cabida; no hay pues en el mundo ibérico una Ilustración Radical que pretenda subvertir el orden establecido. Sobre la Contrarrevolución en Francia, resulta muy sugestivo el libro de Darrin McMahon, Enemies of the Enlightenment. The French Counter-Enlightenment and the Making of Modernity, Oxford, Oxford University Press, 2002.

10.

fn10Me ocupé de las enormes dificultades que implica establecer dichas conexiones en El primer liberalismo español y los procesos de emancipación de América, 1808-1824, México, El Colegio, de México, 2006, pp. 175-189. En esta parte de su argumentación (p. 271), Hamnett introduce la relación entre el liberalismo y la democracia; algo que me parece innecesario, que no corresponde al periodo estudiado y que complica aún más la inteligibilidad de un nexo de por sí muy complejo.


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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 70, Núm. 1 (277) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 16 de junio de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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