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Sobre Arturo Taracena Arriola, De héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes bélicos de la Guerra de Castas

Leticia Reina

Instituto Nacional de Antropología e Historia

Historia mexicana,


Bajo el título De héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes bélicos de la Guerra de Castas, Arturo Taracena Arriola nos ofrece el rescate de un personaje histórico desdibujado en la historiografía yucateca y relegado de la historia patria. El rótulo del libro atrapa la mirada de cualquier lector paseante por los mostradores de la librería y de inmediato viene a la mente la reflexión en torno a que los héroes deberían perdurar en la memoria. ¿No es así? Entonces, ¿por qué este personaje central del libro fue olvidado?

El autor hizo una copiosa investigación sobre las acciones de guerra de Santiago Imán, su proceder en tanto caudillo y el impacto que sus acciones tuvieron en el regionalismo yucateco. Así es como nos ofrece un relato sobre su participación durante y después del triunfo de la revolución anticentralista de 1840, periodo que corresponde a las acciones militares desarrolladas en Yucatán y que constituyen el antecedente de la Guerra de Castas. Durante estos años, dichos operativos influyeron en la política separatista de las gubernaturas de Santiago Méndez y de Miguel Barbachano, personajes que se alternaron en el poder entre 1841 y 1853, justo en los años en los que Imán tuvo su mayor participación miliar.

La extensa investigación que hizo Taracena, tanto en la historiografía clásica como en la moderna de Yucatán, rememora la lucha de Santiago Imán en contra del centralismo, logrando el triunfo de las fuerzas armadas yucatecas y por ende el éxito de los federalistas. Es importante destacar que el autor analiza de manera aguda la proclama que Imán lanzó durante los enfrentamientos, la cual tiene la particularidad de ser un discurso proindígena, en la que hacía un llamado a los descendientes de Tutulxiú y Cocom para tomar las armas. El contenido de la alocución lo proyectó como caudillo regional y le permitió ampliar su base social, que se fue radicalizando durante los combates.

Las acciones militares y alianzas de Imán están descritas en el libro desde varios puntos de visa de acuerdo a diferentes historiadores y con base en distintas fuentes periodísticas, permitiéndonos percibir que Imán se convirtió en un héroe. Pero después no hay una explicación concluyente que nos permita saber por qué fue relegado por las propias fuerzas militares, por las gubernamentales y hasta por los mismos historiadores del momento, como Sierra O’Reilly, de modo que la figura del triunfador se fue desdibujando hasta caer en el olvido. Imán era partidario de la separación de Yucatán de la República Mexicana, y durante el enfrentamiento generalizado entre centralistas y federalistas su discurso adquirió una dimensión protonacional regional con elementos de la mitología yucateca. Es interesante cómo Taracena llama la atención sobre el contenido de la proclama para apelar a los sentimientos más profundos de una región histórica que apenas se había adherido a la República Mexicana en 1824. El regionalismo exacerbado que desata la proclama, el autor del libro explica que la pone en contraposición al protonacionalismo que se construía desde el centro del país con base en “los hijos de los aztecas”, símbolos que no compartía la cultura maya y con los cuales no se identificaban.

¿Por qué este personaje no permaneció en la memoria, ni siquiera de sus contemporáneos? Todo el recorrido de las acciones militares y las diferentes descripciones que elabora Taracena sobre la vida de Santiago Imán no permiten comprender de manera clara y contundente la omisión de este personaje en la historiografía yucateca. El autor relata las operaciones castrenses que lo llevaron al triunfo, pero no explica las causas profundas por las cuales los militares y gobernantes triunfantes no le dieron ni el reconocimiento ni los méritos que le correspondían; no le otorgaron un grado militar más alto como reconocimiento a sus acciones de guerra.

¡Santiago Imán: el héroe olvidado! Éste es el mensaje y el propósito del libro: rescatar al personaje de las tinieblas. ¿Por qué se le olvidó?

¿Por qué no permaneció en la memoria colectiva y en la historiografía yucateca? La investigación de Taracena trata de explicar esta situación desde la corriente historiográfica que reconstruye la historia de la memoria y la convierte en un objeto historiográfico. Éste es el objetivo del libro.

Valga recordar que los estudios sobre la memoria histórica cobraron auge en las últimas décadas del siglo pasado porque se quiso rescatar del olvido los horrores de las guerras, de los genocidios y de las injusticias en general. Por ello, su tratamiento tiene un alto contenido político que seguramente llamó la atención del autor. No obstante, el problema es que cualquier rescate o cualquier respuesta siempre tendrá un alto contenido ideológico que puede llegar o no a buen puerto.

Entonces, aquí me detengo a reflexionar sobre la relación entre historia y memoria. Diferentes autores coinciden en asegurar que la historia y la memoria no son la misma cosa, no hay diferencia ontológica pero no son lo mismo. La memoria la constituyen los recuerdos individuales, de grupo o de clase cuyas narraciones se fueron elaborando y repitiendo con el tiempo. En cambio, la historia sería un trabajo de reconstrucción e interpretación crítica del pasado, lo cual Taracena no consiguió porque no logró separarse de la memoria. Luego entonces, si bien hizo una reconstrucción crítica de la historiografía yucateca, no alcanzó a construir un nuevo relato. Invirtió los papeles, la memoria la convirtió en el sustantivo y la historia en el adjetivo.

Otra perspectiva interesante es que el libro también se inscribe dentro de la relativamente nueva corriente en torno a la biografía histórica y, sobre todo, de una biografía renovada a la luz de los relatos de vida identificados con la “historia desde abajo”. Y aquí, de manera muy interesante, Taracena articuló el campo del olvido con la categoría del héroe, que no pasó al panteón de los hombres ilustres.

Desde esta óptica, el autor apenas explica y no convence sobre los motivos, objetivos o subjetivos por los cuales los grupos de poder, militares y gubernamentales, no le reconocieron a Santiago Imán su participación fundamental en el triunfo de las armas. Además, el héroe fue relegado de su mando y de cualquier otro tipo de intervención militar, refugiándose en la montaña. ¿Qué pasó? Hay un hoyo negro que nos impide saber por qué los grupos de poder actuaron de esa manera

¿Imán se sintió excluido, desplazado, y lo vivió como traición que lo obligó a refugiarse en la montaña? ¿A las élites les dio miedo que, así como los mandos medios y superiores se radicalizaron con la proclama de Imán, también la amplia base social que el caudillo comandaba pudiera rebasar la lucha regional frente al centro para convertirse en una guerra de castas? Cosa que por cierto sucedió algunos años más tarde. Es un hecho que el discurso regionalista de Imán estremeció a las fuerzas federales nacionales, ya que significaba exaltar el regionalismo de la élite yucateca frente a las fuerzas centralistas y conservadoras. Y el temor era real y tuvo eco, pues en otras dos ocasiones Yucatán se volvió a separar de la República mexicana.

El impacto separatista que tuvo la proclama de Imán sobre las élites yucatecas, podemos pensar que no fue el mismo que tuvo sobre su base social, compuesta por los huites (hombres de La Montaña), los indígenas, los negros y los mestizos. ¿No sería que estos actores subalternos tenían sus propias motivaciones al tomar las armas? Y cuando Imán se refugió en La Montaña y todos se replegaron hacia el oriente de la península, ¿la contienda no se convirtió, o tal vez ya era, para este grupo, una lucha por la autonomía? ¿Fue la respuesta por promesas no cumplidas? Al tiempo, la élite maya tomaría esta afrenta en sus manos para promover una Guerra de Castas.

¿Separatismo o autonomía? ¿Qué estuvo en juego en diferentes regiones del país tras la guerra de independencia? Hay un denominador común en varias regiones del país: militares o jefes de milicias que combatieron en las fuerzas insurgentes o que lucharon contra las fuerzas centralistas y que, tras el triunfo de la causa que comandaban, ellos no fueron premiados, ni reconocidas las promesas hechas a una base social a la que habían armado y entrenado en el arte de la guerra. Éste fue el caso, entre otros, de Mariano Olarte, Eleuterio Quiroz y Gregorio Meléndez; en Papantla, Veracruz; en la Sierra Gorda, y en el Istmo de Tehuantepec, respectivamente, los cuales también habían sido militares de diferentes ejércitos, en distintos hechos históricos entre 1820 y 1840, que después participaron en enfrentamientos que defendieron el separatismo de sus regiones o la conformación de supraterritorios político-administrativos o la conformación de algunas entidades federativas. Lo importante a destacar es que todos ellos fueron relegados de sus puestos, al igual que Imán. Y más tarde, ya marginados, desertaron del ejército y terminaron apoyando o al menos fomentando las demandas autonomistas de los pueblos. En todos los casos, se convirtieron en líderes de amplios movimientos indígenas y campesinos que defendían sus recursos naturales y se quejaban del aumento de los impuestos civiles y eclesiásticos. Aunque, ¿estas demandas no siempre habrán estado latentes como motivación profunda de las bases sociales (indígenas y campesinas) que participaron como soldados en los alzamientos y pronunciamientos nacionales o regionales?

La trayectoria de estos líderes se parece en mucho a la historia de Santiago Imán. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿por qué todos ellos fueron héroes olvidados? ¿Y por qué Juan Álvarez, quien llevaba la misma trayectoria, sí pasó a la memoria histórica? Me parece que la diferencia de este último, respecto a sus contemporáneos fue que su comportamiento correspondió al de un caudillo político-militar.

Álvarez actuaba como un jefe militar al que su “cauda” le seguía a una voz de mando, luego entonces, nunca perdió el control de su base social y siempre mantuvo el respeto y reconocimiento de los mandos superiores. Así mismo fue un político que mantuvo el diálogo y la esperanza de los indígenas para la recuperación de sus tierras. Al tiempo, se convirtió en interlocutor de diferentes fuerzas sociales, hizo alianzas que lo llevaron a permanecer en la esfera política y, dado que supo negociar con otras fuerzas en los ámbitos regional y nacional, comandó la Revolución de Ayutla, que lo llevó a permanecer en la memoria histórica.

Este desempeño no lo tuvo Imán, pero además nos falta información para explicarnos el tipo de relaciones sociales que el héroe yucateco tenía con su base social. Pareciera que no fue un caudillo y que más bien se desempeñó como un cacique que fundó su fuerza en relaciones personales que se movieron y debilitaron de acuerdo a las circunstancias políticas. Y podemos imaginar que los mandos militares superiores y gubernamentales no creyeron que él pudiera controlar a una gran masa heterogénea, radicalizada, sin disciplina militar y combatiendo en forma de guerrillas. ¿No pudo o no quiso contener a su base social? No lo sabemos, pero tampoco, como algunos de sus contemporáneos, lideró la lucha de los indios mayas.

Entonces, no sólo las élites tuvieron miedo de Imán y lo relegaron, sino que también los periodistas y escritores del momento prefirieron desdibujarlo hasta condenarlo al olvido. Y por añadidura, si los huites -concepto no étnico y sí polisémico y controvertido- eran la principal fuerza con que contaba el dirigente, éstos no eran campesinos arraigados a la tierra, eran indígenas montaraces que habían huido hacia La Montaña. A la sazón, podemos pensar que también lo abandonaron o se dispersaron, porque la Guerra de Castas la hicieron no los huites, sino los indígenas mayas liderados por sus propios caciques que, como describió Terry Rugeley, eran indígenas conocedores del sistema colonial.

La historia de este libro podría haber sido una biografía histórica pero no, la historia de las huestes de Imán, conformadas por huites, indígenas y negros libres, inscriben al libro de Taracena dentro de la corriente de estudios de historia social. El mismo autor se declara inspirado por Ginzburg, por identificarse con la recreación de la historia de los excluidos hasta entonces de la memoria. No obstante, esta es- cuela fue consecuencia del desarrollo de la historia social. Es decir, que gracias a las investigaciones sobre las culturas subalternas o dominadas, se ha podido reconstruir el pasado de la cultura de las clases populares.

Como esta corriente historiográfica se concibe de un modo etnográfico, es decir, como una “monografía aldeana”, a la manera de Ginzburg, entonces nos faltan compendios por parte del autor para tener una etnografía histórica y entonces hacer realmente un aporte a la historiografía yucateca. El fondo del asunto quizá consistió en el uso intenso que hizo de la historiografía yucateca como fuente de información y en menor medida en el uso de fuentes primarias novedosas que le permitieran incursionar en asuntos nuevos, por ejemplo, en el ámbito social y cultural de la sociedad en que vivió Imán.

Importa decir que el libro de Taracena concluye de modo interesante para los jóvenes estudiantes de historia porque desde el título quedarán atrapados y después no dejarán de hacerse preguntas que los llevarán a diversas investigaciones. Muchas ventanas se abren con esta publicación, que invitarán a las nuevas generaciones a no descansar hasta alcanzar respuestas a algunas de las muchas preguntas que nos plantea esta obra.

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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 70, Núm. 1 (277) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 14 de septiembre de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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