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La globalización temprana

Mariano Bonialian1

El Colegio de México, México

Historia mexicana, 2018


Historia mínima de la globalización temprana1 es un reciente libro de Bernd Hausberger, profesor-investigador del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Se trata de un manuscrito profundamente revisado de una versión publicada en 2015 en idioma alemán, en la ciudad de Austria.2 La nueva versión se ajusta a los principios y formatos que rigen en la reconocida colección de Historia mínima y cobra pleno sentido presentarla, en un principio, en el marco editorial en el que se publica. La colección dirigida por Pablo Yankelevich tiene el propósito de brindar historias sintéticas, sean de un país o de un fenómeno histórico nacional o internacional trascendente. Ofrece al interesado, sea o no un lector especialista en el tema, una historia clara, breve y amena para su lectura. Estas condiciones no deben sacrificar la rigurosidad y calidad científica del manuscrito. Se evita caer en el detalle menor o poco significativo, para impedir el desvío del hilo conductor de la investigación.3 No es fácil compatibilizar este conjunto de principios. Requiere que los autores tengan gran formación del caso analizado y sean reconocidos especialistas en la materia. Como se fundamentará en las páginas que siguen, Historia mínima de la globalización temprana cumple con creces estas condiciones.

Al revisar el conjunto de trabajos editados por la exitosa colección de Historia Mínima, saltan a la vista diferentes modelos de presentación, los cuales se expresan, usualmente, en la arquitectura de sus índices. En los primeros números fue común la aparición de compilaciones de ensayos, cuya responsabilidad recaía en dos o más especialistas sobre la temática. En las obras de reciente aparición, se percibe una nueva dirección en la política editorial: se abandona la presentación colectiva y se otorga la responsabilidad a un solo autor especializado. Otro conjunto de obras analizan el tema por medio de una perspectiva cronológica, atendiendo a los hechos fácticos más trascendentes. Por último, están los libros que construyen sus ejes sobre conceptos y problemas, que no por ello desdeñan la contextualización histórica. Justamente, Historia mínima de la temprana globalización forma parte de esta tercera forma de estructurar los manuscritos editados por Historia mínima, pues se trata de un texto colmado de problemas históricos y discusión historiográfica.

La historia global es, hoy en día, uno de los temas más convocantes en el marco de la disciplina histórica, expresado en las recurrentes convocatorias a congresos y en los reiterados “dossier” sobre el tema que últimamente se publican en revistas de prestigio internacional. La gran concurrencia y convocatoria obedece a múltiples factores que superan esta reseña. Pero existe un motivo que valdría subrayar: la actual puja hegemónica entre China y Estados Unidos a escala global. Las interpretaciones sobre la globalización histórica expresan, en el fondo, una disputa actual, disputa geopolítica entre macrorregiones y países. Uno de los puntos de debate en la disciplina histórica sobre el fenómeno de la globalización recae en cuándo, quién y desde dónde se gesta la globalización; en definitiva, sus raíces históricas.

El manuscrito de Hausberger trata sobre la historia de la globalización temprana. El título ya de por sí es controvertido: existió una globalización que precede a la actual. Se discute allí sobre el momento histórico en que se origina la globalización. Varias hojas y secciones del libro están dedicadas a revisar de manera crítica los estudios globales que nos hablan de su inicio para épocas tardías, como finales del siglo XVIII, XIX o recién para la segunda mitad del siglo XX. El capítulo II titulado “Periodizaciones de la Historia Global” es un completo mapa historiográfico sobre las corrientes interpretativas que sitúan el inicio, la naturaleza y el desarrollo de la globalización en diferentes periodos y épocas. Hausberger presenta la controversia de manera original y brinda los argumentos sugeridos por cada una de las interpretaciones. Lo hace con una perspectiva regresiva: desde las posiciones que ven el fenómeno universal operando solo en la actualidad, hasta las más “antiguas”, que ubican su origen en el siglo XVI; postura a la que el autor adhiere.

Pero antes, en el prólogo y en el capítulo I, titulado “Historia Global y globalización”, nos dice lo que debe entenderse por globalización y su momento de inicio. El autor toma partido y lo comunica desde un inicio. La globalización sería: “el proceso de construcción de un amplio entramado de relaciones de diversa índole que en su conjunto cubrían el globo, asumimos que tal proceso se inició en el siglo XVI”.4

Puede que la definición peque, en principio, de cierta ambigüedad. Pero habría que comprenderla como punto de partida; como el postulado inicial que, conforme se avanza en la lectura del libro, se precisa y se justifica. Por el momento, dos elementos de la definición habría que rescatar: a) la globalización consiste en la interacción y la conexión económica, cultural, religiosa y política de macrorregiones, posibilitada por la navegación marítima de larga distancia; b) se inicia en el siglo XVI. Sería en ese temprano siglo cuando los grandes espacios se vinculan de manera sostenida. La inauguración del galeón de Manila en 1565 conectando a la Nueva España con China, por mediación de las islas Filipinas, representa una fecha emblemática, pues al conectar Eurasia con América se logra enlazar los dos espacios restantes para la constitución de una red verdaderamente global.5 La conexión entre Eurasia, África y América (Mesoamérica y mundo andino) es previa, gracias a la expansión portuguesa y española iniciada a principios del siglo xvi, sea por el mundo trasatlántico o por las navegaciones a través del Cabo de Buena Esperanza en dirección hacia la India y China. Conforme avancen los siglos, se anexarán nuevas redes que incorporan otros espacios. Hacia finales del siglo XVIII se integrarán al espacio de los actuales países de Canadá y Estados Unidos y también lo hará, casi al mismo tiempo, el Pacífico australiano.

En este sentido, la globalización “tiene una larga historia”, que va del siglo XVI hasta la actualidad, y solo puede comprenderse en su historicidad. Es un fenómeno procesual y de ninguna manera un acontecimiento reciente, brusco, de alto impacto, surgido en la corta duración. La interacción de sociedades distantes no es un hecho reciente, sino que ha tenido lugar desde hace varios siglos. “La gota constante perfora la roca”. Notable frase que nos brinda Hausberger para advertirnos cómo estudiar la globalización temprana: sólo adquiere sentido en el tiempo largo-prolongado, donde grandes espacios que se encuentran alejados y distantes comienzan su permanente interacción, a pesar de que la magnitud y los efectos de tal relación no podría compararse con la frecuencia e intensidad de las relaciones globales actuales. Sobre las conexiones, Hausberger asegura que, “se puede diferir sobre la trascendencia de la globalización en distintos momentos, pero no sobre su existencia histórica”. Es posible pensar que sólo la actual revolución tecnológica es lo que distingue de formas y prácticas pasadas de globalización. Pero la consolidación de las vías de comunicación y del comercio mundial, los flujos transcontinentales de dinero y de migrantes, las redes de información, la transferencia científica y cultural, la hibridación y los procesos de sometimiento o de negociación son, en definitiva, rasgos constitutivos que forman parte de la globalización temprana.

A excepción de hechos revolucionarios tecnológicos que hoy marcan el devenir de la actual globalización, se puede percibir que desde el siglo XVI se encuentran rasgos (raíces) de casi todo lo que se considera típico de la nueva situación actual. En este sentido, dos casos muy representativos aparecen en el libro: las misiones religiosas y la migración. La cantidad de población cristiana (católicos y protestantes) que hoy existe en el mundo, casi 32% de la población mundial, no podría comprenderse sin las misiones que florecieron en el siglo XVI por la América hispana, logrando la conversión de la población autóctona de México, del Perú y del Paraguay, por solo citar las regiones más importantes.6 Por su parte, se puede diferir de las enormes distancias de escala, pero la movilización-migración de personas (forzadas y libres) entre continentes que hoy en día son vistas como sucesos inéditos de la actual globalización, son en realidad fenómenos abonados desde el siglo xvi. Usualmente, se piensa en las oleadas de migrantes europeos en la creación de los estados nacionales iberoamericanos. Pero habría que tener en cuenta que las sociedades hispanoamericanas se vieron en un notable proceso de mestizaje apenas comenzado el proceso de conquista y colonización. La economía y la población del Brasil actual no podría comprenderse sin considerar la ingente cantidad de esclavos africanos que cruzaron el Atlántico. Tampoco puede estudiarse el proceso de crisis y caída de la dinastía china de los Ming en 1644 sin los desplazamientos poblacionales que hacían presión sobre sus tierras cultivables.7 Existió otro fenómeno población que desafortunadamente el libro no estudia y que habría valido la pena: es difícil pensar la notable riqueza cultural asiática que hay en México sin tener en cuenta los flujos de inmigración de esclavos y personas libres procedentes de la India, de China y de Filipinas por el eje transpacífico durante los siglo XVI y XVII. En suma, hechos globales que hoy los vemos como recientes, encuentran su raíz en la globalización temprana.

La globalización, según Hausberger, es un fenómeno estructural, cuya estabilidad se percibe en el largo tiempo. Por supuesto, su carácter longue durée no implica desconocer los cambios y quiebres que se producen en su interior. En otros términos, no es lo mismo pensar la globalización en el siglo XVI, cuando China adquiere gran protagonismo, que en el siglo XIX, momentos de la hegemonía occidental-británica. De ahí el componente singular y relevante de la globalización temprana: su carácter multipolar, la existencia de muchos centros o polos de desarrollo que se conectan, manteniendo su autonomía que las caracteriza. ¿Cuáles son esos polos? China, Europa y la América hispana. Pero también podrían sumarse la India o aún África. Fue la función mediadora y de notable movilidad de los europeos lo que hizo posible la conexión del planeta. Pero lejos está el autor de concebir a la globalización temprana con una marcada hegemonía occidental. En las conclusiones, el autor lo comunica de manera clara:

A lo largo de sus primeros tres siglos, se puede observar la formación de un complejo sistema interdependiente que fue dirigido no tanto por alguna potencia, sino por la dinámica interacción de una multitud de actores y fuerzas de todos los continentes. Para comprender su funcionamiento, es insuficiente el debate sobre si en los siglos XVI y XVII fue China o Europa el motor de la economía mundial.8

La temprana globalización finalizaría cuando el propio fenómeno global toma un nuevo curso; al momento de su primera gran transformación que vive hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX, con la revolución industrial inglesa. A partir de entonces, podría hablarse de una nueva era de la globalización, en la que se diluye el componente multipolar y se muta hacia una globalización unipolar; un exclusivo centro de desarrollo mundial que tiene al frente occidental-británico como protagonista. El dominio de la razón noratlántica en la globalización, se irá reforzando con la participación de Estados Unidos.

Al pensar su carácter multipolar se entiende que la globalización también contó a China como un centro desde el siglo XVI al XVIII. El poder global europeo se basó en la expansión territorial, en la formación de imperios comerciales y en el intercambio de larga distancia, un conjunto de elementos que hacen a los mecanismos de competencia interestatal en la expansión global. Por el contrario, la vía de desarrollo de China se nos presenta como la antítesis. Hausberger nos ofrece algunas pistas en sus conclusiones:

No había bases chinas en Inglaterra, no había barcos asiáticos en el Atlántico, no había misioneros hindúes en España y ni China ni la India tenían acceso directo a los esclavos africanos ni los metales preciosos americanos. Sin duda, si China hubiera movilizado sus recursos, habría podido expulsar a los europeos de su país y más allá, como los japoneses lo hicieron en el siglo XVII. China o la India, sin embargo, no emprendieron medidas tan radicales, pues las economías y sistemas fiscales chinos, hindúes o musulmanes se beneficiaban sustancialmente de la presencia de los europeos.9

China no muestra interés por la expansión oceánica, ni en la competencia con otros estados. Su vía de desarrollo social y económica es más bien de “introspectiva”, endógena, priorizando el comercio local, el doméstico, antes que el de larga distancia. Antes de extraer recursos de las “colonias” externas, como fue el mecanismo prioritario del imperialismo mercantil europeo, China, por el contrario, distribuyó recursos desde el centro hacia esa suerte de satélites urbanos que integraban su imperio.10 De tal manera, la divergencia en los caminos de desarrollo entre Europa y China puede que sea la más clara manifestación de espacios relacionándose globalmente pero manteniendo sus autonomías.

Por otro lado, Historia mínima de la globalización temprana supera con acierto el rígido debate que hoy en día marcan la agenda de los historiadores globales sobre el motor de la globalización temprana: ¿fue China o Europa? Hausberger considera que esta bibliografía gira en un círculo vicioso, en un debate cerrado, condicionado, por un lado y como vimos, por la lucha geopolítica que hoy vive el mundo y, sobre todo, por una visión teleológica de la historia. Con argumentos audaces y provocadores, el autor emprende una contundente crítica a las visiones eurocéntricas y sinocéntricas que imperan en la bibliografía sobre la historia global. Ambas posiciones, según el autor, son inadecuadas para comprender las relaciones mundiales antes del siglo XIX. Es posible que el sesgo eurocentrista de la historiografía global cale más hondo en la actualidad, con la firme intención de contrarrestar el avance asiático en el actual escenario global. Los círculos académicos del Occidente ocupados en temas globales, terminan por reproducir, según Hausberger, en una narración del devenir del mundo moderno, derivada de la historia inglesa-angloamericana. Hay un patente descuido de importantes regiones del globo como el sudeste asiático, el espacio islámico, de la India y, en especial de la América española y portuguesa.

Bien lo advierte Hausberger sobre la imposibilidad de concebir a la América hispana como el centro de la historia mundial durante estos siglos. Aun así, los estudios globales prácticamente omiten su importante función para el nacimiento y desarrollo de la temprana globalización. ¿A qué se debe la omisión o, cuando menos, su marginación en los estudios globales? ¿indiferencia? ¿por el poco peso que aún sufre el tema de la historia global en los propios círculos académicos de los países hispanoamericanos y de España?11 Respuestas todas posibles. Antes que nada, nos preguntamos en calidad de historiadores hispanos e hispanoamericanos, si es posible sortear toda mirada eurocéntrica o sinocéntrica para el estudio de la temprana globalización.

Hausberger nos dice que sí, sólo si se emprende la tarea de identificar la especificidad histórica que cada macrorregión cumplió en el tablero global de ese tiempo. Creo que el libro que comentamos se convierte en el primer acercamiento exitoso en este desafío.

De todos modos, que la obra haya superado este escollo no nos impide reconocer materias pendientes o condiciones para garantizar la revalorización de nuestro continente en el compendio global temprano. ¿Cuáles serían las principales condiciones? a) que los historiadores hispanos se apropien y desarrollen una agenda propia de problemas sobre la historia global, cosa que aún se encuentra lejos o, cuando menos, en embrión; b) un mayor conocimiento y trabajo sobre los archivos de los países hispanoamericanos que salvo raras excepciones no son materia de trabajo por parte de los historiadores globales europeos y asiáticos. Resulta necesario releer los expedientes y documentos hispanoamericanos con nuevas y viejas preguntas que vayan configurando poco a poco el marco de estudio de nuestra agenda historiográfica. Es evidente que ambas condiciones se encuentran pendientes, pero aún estamos a tiempo de remediarlo.

Vayamos al “corazón” del libro, a las propias hipótesis que presenta el autor. Decíamos que Historia mínima de la temprana globalización es el primer intento serio y legítimo por introducir, con peso propio, el espacio de la América española y portuguesa a la globalización temprana. Lo realiza un historiador austríaco, con suficientes pergaminos. Hausberger tiene varias décadas ocupándose de asuntos de la historia hispanoamericana (historia de la minería, de la religión (misiones), de la historia de redes mercantiles y políticas, etcétera). Lleva años consultando numerosos archivos de los países hispanoamericanos y de España y es un integrante del plantel de investigadores de tiempo completo del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. No sería apresurado sostener que Hausberger se convierte en el primer investigador formado en la historiografía hispanoamericana que emprende una investigación de tamaña naturaleza.12 Eso sí. En el ejercicio de reubicar a la América hispana hacia el centro de la escena de la globalización, asume interpretaciones arriesgadas, que no están inmunes a la objeción.

La primera observación es que el autor termina por aceptar lo que en un inicio cuestiona. Es decir, construye una visión de la historia a partir de una narrativa cargada con conceptos y visiones que corresponden al universo eurocentrista; un abordaje al cual, como hemos visto, Hausberger critica desde sus primeras páginas. Es una virtud ver una arquitectura textual girando en torno a problemas y debates historiográficos de la historia global; elementos que lo distingue de los tradicionales textos cronológicos. Sin embargo, vemos que Hausberger elige y carga de contenido a conceptos, instituciones y fenómenos que pertenecen a la cosmovisión y al discurso occidental europeo. Luego del excelente capítulo III, dedicado a la “Cosmografía y conocimientos del mundo”, le sigue el apartado IV sobre los “Imperios y Estados”. En él no sólo se aceptan categorías occidentales para analizar la globalización, sino que los conceptos de estado, imperio, Iglesia e imperialismo son vistas como herramientas de poder de la expansión global ultramarina, del “armamento y guerra” y del “colonialismo europeo”. La “Iglesia católica” es definida en titulado capítulo V, “Religión y Misión”, como una de las principales unidades de la temprana globalización. La institución religiosa europea aparece como el motor para las dinámicas globales de personas, de ideas, de creencias y de luchas. En la sección VI, dedicada a la historia económica de la temprana globalización, se utilizan categorías como: división del trabajo, mercantilización, industrialización y cultura del consumo: un conjunto de categorías que facilitan la comprensión de la inserción mercantil y productiva de la América española en los mercados de la globalización. El siguiente párrafo de las primeras páginas del libro, el autor estaría anticipando la razón de considerar estas categorías:

La construcción de vínculos a larga distancia necesitó motivos y los mejores se dieron sobre todo en la ampliación del comercio, en la propagación de la religión y en la búsqueda de poder bajo la forma de la expansión imperial y la construcción estatal. Los medios e instrumentos con los que las conexiones se establecían y mantenían eran la comunicación, los medios de transporte, el dinero, la guerra y la sexualidad.13

Finalmente, en el último capítulo VII, “Los actores sociales en movimiento”, Hausberger reconoce que sin la notable movilización de los llamados agentes europeos hubiera sido imposible la conexión a larga distancia de los espacios mac rorregio na les. Así, la globalización temprana ubica a los europeos como mediadores globales fundamentales.

El hecho de que gran parte de las interacciones transcontinentales estuvieran impulsadas y organizadas por potencias europeas podría distorsionar la percepción de la multipolaridad de la globalización temprana […] fueron imperios, misioneros y comerciantes europeos los que desarrollaron actividades a nivel global.14

Ya apuntamos la posición de conveniencia de China sobre la avanzada europea. Hausberger sostiene que la movilización europea sólo fue posible porque China y otros espacios lo permitieron y sacaron provecho de ello. En definitiva, la férrea crítica al eurocentrismo apuntado en las primeras páginas del texto encuentra un evidente freno; termina por relativizarse.

Como efecto boomerang, al desacreditar una perspectiva teleológica de la historia occidental, Hausberger termina por incorporar conceptos y problemas propios de su literatura para dar cuenta de su propuesta investigativa. Más que una crítica, lo que apuntamos aquí es a la mesura, a reconocer los propios límites en los que estamos inmersos en calidad de hispanoamericanos para realizar esta titánica tarea de investigación. La pregunta de fondo sería la siguiente: ¿nuestra formación y cosmovisión nos permite desprendernos de todo tipo de posiciones eurocéntricas? Creemos que es sumamente difícil. Al menos, se podría haber explicitado el dilema al inicio del libro.

La segunda observación está en íntima relación a la primera. La afirmación que sólo a la movilización de los agentes europeos fue posible el proceso de interacción global termina por opacar, diluir, la posición geoestratégica de Hispanoamérica como espacio indispensable para las conexiones y de las iniciativas que asumen los agentes hispanoamericanos en la movilización transoceánica. En otras palabras, en esos siglos, México fue punto de reserva espiritual para la avanzada de la religión cristiana hacia el Oriente. Sin atender la mediación novohispana no se podrían comprender las políticas universales de conversión en las islas Filipinas y China. Por su parte, no fueron sólo “agentes europeos” los que movilizaron capitales comerciales por los mercados globales. También debería considerarse al “agente de México o del Perú” que, como marinero, religioso, funcionario o, ante todo, como agente mercantil viaja a través del Atlántico y del Pacífico movilizando sus capitales y riquezas hacia las plazas mercantiles de Europa o Asia. Los llamados peruleros o los grandes comerciantes de la ciudad de México se convierten en mediadores globales independientes, con intereses propios, con plena división de invertir sus caudales en la compra de bienes en las islas Filipinas, en Cantón, en Sevilla, en Génova, en Ámsterdam, etcétera. En definitiva, son actores sociales en movimiento que no están sujetos a los intereses ni a los propósitos de los estados y corporaciones europeas. Por el contrario, en varias ocasiones entran en conflicto con ellos. Lo que ocurre en el Pacífico hispanoamericano entre los siglos XVI y XVIII es una muestra de ello. Posiblemente Hausberger considere a lo que aquí llamamos “agente hispanoamericano” como “agente europeo”. ¿Pero no vale la pena la precisión distintiva cuando queremos defender un postulado que valore la especificidad histórica de la América española? El movimiento de los hispanoamericanos puede que sea de menor grado con relación al movimiento de los europeos. Pero su existencia no puede pasar inadvertida, más cuando se busca realzar el papel de la América española en la globalización temprana. Valdría la discusión.

La tercera observación, de corte crítico, tiene que ver con una de las hipótesis que nos brinda Hausberger para comprender el protagonismo que adquieren los centros económicos de la América hispana para el funcionamiento del comercio de larga distancia en la temprana globalización. Quizá sea la principal aportación verdaderamente singular que nos presenta el libro. Por cuestiones de espacio, intentamos sintetizar la singular propuesta que aparece en el capítulo VI, “Expansión mercantil y división social del trabajo”, puntualmente en las páginas 129 a 133. Sería así: desde la segunda mitad del siglo XVI, la América española se convirtió en un “potente” mercado de consumo de productos importados que dio como resultado una sorprendente estructura productiva y de exportación minera en México y Perú que permitió la monetización de los mercados asiáticos y europeos. Las primeras elites de México y Perú tuvieron la necesidad de crear una unidad de cambio para pagar las importaciones de productos externos (textiles, vino, hierro, acero, armas, fuego, etc.), y así garantizar su prestigio social y sus hábitos consumidores. Al no disponer de bienes locales estimados en el exterior, las elites españolas de México y Perú encontraron en la exportación de metálico el remedio ideal. La producción a gran escala de la plata hispanoamericana, que es lo que permitió proveer al mundo de un medio con valor de cambio, tendría su razón en la necesidad de los primeros núcleos de españoles en suelo americano por mantener sus hábitos elitistas de consumo, que hacía a la diferenciación social.

Ante todo, debe valorarse el esfuerzo de Hausberger por superar esa imagen pasiva que la historiografía global le inyecta a la América española como un mero espacio proveedor de metales preciosos. Sin embargo, la premisa es de por sí debatible y controvertida. Entre las objeciones que se nos ocurren, por cuestiones de espacio nos detenemos en la que quizá fuera la más importante. El autor sobreestima la función del consumo como variable determinante de la producción y la circulación. ¿No estamos en presencia de un intento por aplicar una categoría analítica que corresponde ciertamente a una etapa histórica posterior o reciente? En otros términos, ¿los mercados consumidores de la ciudad de México, de Lima, de Huancavelica o de Potosí podrían concebirse como polos de arrastre hasta el punto de provocar ese titánico mundo que fue la organización socioeconómica del universo minero? Antes de proponer su hipótesis, hubiese sido sugerente detenerse en la relación consumo/ población para ponderar la valoración de la variable consumo en ese momento histórico. Valdría recordar que sólo la población española de Potosí se equipara con el número de habitantes de las principales ciudades europeas, como: Ámsterdam, Londres, Sevilla o Venecia.15 Pero la ciudad de México y de Lima eran hacia principios del siglo XVII pequeños núcleos urbanos a los que difícilmente podría definirlos como el motor de inyectar en los mercados asiáticos y europeos un promedio de 75% de la plata entre los siglos XVI, XVII y XVIII.

En segundo lugar, colocar a un puñado de antiguos notables de México y de Lima como los responsables del modelo de exportación de metálico sería subestimar, en gran medida, el papel de las políticas metropolitanas españolas. Valdría recordar la política mercantilista que reinaba por entonces en los estados europeos, donde la concentración de metales preciosos hacía a la grandeza del reino. En este sentido, permítasenos dudar sobre la idea que la producción y exportación a grandísima escala de metales preciosos producidos en Hispanoamérica estuvo condicionada a la iniciativa de una reducida elite instalada en México o en el Perú por consumir bienes europeos o asiáticos. Creemos que el surgimiento del sistema minero obedeció, ante todo, a lógicas más globales, que van más allá de una cultura consumidora hispanoamericana. Puede que esta valorización otorgada por Hausberger al consumo hispanoamericano en la globalización de la época sea la justificación de fondo que permite al autor categorizar el papel singular de América Latina en globalización multipolar.

Estas observaciones, para concluir, están lejos de desmerecer el excelente trabajo realizado por Bernd Hausberger, más si estamos convencido que Historia mínima de la temprana globalización representa la primera obra seria y completa que aparece en el ámbito académico hispanoamericano sobre la función de la América española y portuguesa en la historia global. Las hipótesis que allí aparecen se ven acompañadas por un rico mapa historiográfico y por una sorprendente densidad de información. Las ilustraciones cartográficas, finas y detalladas, sobre redes comerciales, expediciones científicas, navegaciones de descubrimiento y conquista por parte de los europeos, presencia y avance de las misiones religiosas en América, como las dinámicas de expansión de los imperios a través del tiempo, etc. representan una excelente caja de herramientas que facilitan la comprensión del texto. Se unen a las ilustraciones, cuadros y gráficas estadísticas sobre población, comercio y producción de las diferentes macrorregiones. Los comentarios bibliográficos dan cuenta de un exhaustivo aparato de lectura combinando los estudios globales hechos por las diferentes corrientes historiográficas de diferente procedencia.

En definitiva, Historia mínima de la temprana globalización, obra provocadora y sugerente, tiene por delante varios desafíos. En primer lugar, presenta en el futuro mediato la tarea de promover los estudios globales en los círculos académicos y universitarios de los países hispanoamericanos. En segundo lugar y a una escala mayor, la obra de Hausberger contiene todos los atributos para que las investigaciones sobre la globalización histórica que en estos tiempos se están realizando en el exterior, sea desde las universidades estadounidenses, europeas o asiáticas, comiencen a prestar con mayor seriedad la función y modos de incorporación de la América española al juego planetario.





Referencias bibliográficas
Bernd Hausberger, Historia mínima de la globalización temprana, México, El Colegio de México, 2018, 264 pp. ISBN 978-607-628-241-0.
Bernd Hausberger, Die Verknüpfung der Welt: Geschichte der frühen Globalisierung vom 16. bis zum 18, Jahrhundert, Wien, Mandelbaum Verlag, 2015.
Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez, “Los orígenes de la globalización en el siglo XVI”, en Bernd Hausberger y Antonio Ibarra (coords.), Oro y plata en los inicios de la economía global: de las minas a la moneda, México, El Colegio de México , 2014, pp. 29-76.
Giovanni Arrighi, “Estados. Mercados y capitalismo, Oriente y Occidente”, en Anuario Asia-Pacífico, 1 (2005), pp. 339-352.
Serge Gruzinski, Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización, México, Fondo de Cultura Económica, 2010.
Carlos Contreras, Compendio de historia económica del Perú II: Economía del periodo colonial temprano, Lima, Banco Central de la República del Perú, Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 2009, Introducción, pp. 16-17.

Notas al pie:

1.

fn1 Bernd Hausberger, Historia mínima de la globalización temprana, México, El Colegio de México, 2018, 264 pp. ISBN 978-607-628-241-0.

2.

fn2Bernd Hausberger, Die Verknüpfung der Welt: Geschichte der frühen Globalisierung vom 16. bis zum 18, Jahrhundert, Wien, Mandelbaum Verlag, 2015.

3.

fn3La omisión de las notas al pie en los manuscritos de la Colección es una muestra de ello.

4.

fn4Hausberger, Historia mínima de la globalización temprana, prólogo, p. 10.

5.

fn5Es evidente aquí, la consideración del autor de los trabajos realizados por Flynn y Giráldez. Se destaca en particular: Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez, “Los orígenes de la globalización en el siglo XVI”, en Bernd Hausberger y Antonio Ibarra (coords.), Oro y plata en los inicios de la economía global: de las minas a la moneda, México, El Colegio de México, 2014, pp. 29-76.

6.

fn6Hausberger, Historia mínima de la temprana globalización, capítulo V, “Religión y Misión”, pp. 96-110.

7.

fn7Hausberger, Historia mínima de la temprana globalización, capítulo VII, “Los actores sociales en movimiento”, pp. 205-218.

8.

fn8Consideraciones finales, p. 238.

9.

fn9Comentarios finales, p. 239.

10.

fn10Giovanni Arrighi, “Estados. Mercados y capitalismo, Oriente y Occidente”, en Anuario Asia-Pacífico, 1 (2005), pp. 339-352.

11.

fn11La historiografía hispánica hace referencia a la globalización temprana partiendo irremediablemente desde la Monarquía Hispánica. Las fronteras del imperio se presentan como porosas y flexibles. En ese marco actúan los agentes hispánicos movilizándose, a partir de sus redes. Uno de los estudios más conocidos del Imperio español en la globalización temprana es el de Gruzinski. Nos presenta allí el concepto de mundialización ibérica como punto de análisis. Serge Gruzinski, Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización, México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

12.

fn12Resulta difícil encontrar hoy en día algún historiador de países de la América hispana que haya realizado un trabajo similar.

13.

fn13Capítulo I, p. 17.

14.

fn14Comentarios finales, p. 239.

15.

fn15La poca densidad de su población urbana deriva en lo exiguo de las ciudades hispanoamericanas en tanto mercados consumidores hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Al terminar el siglo XVII, solo Potosí rebasa los 50 000 habitantes. Lima reunía alrededor de 30 000, y el resto de ciudades (Cuzco, Arequipa, La Paz, Quito) no llegan a las 20 000 almas cada una. Un panorama similar podría ofrecerse para el caso del virreinato de la Nueva España. Carlos Contreras, Compendio de historia económica del Perú II: Economía del periodo colonial temprano, Lima, Banco Central de la República del Perú, Instituto de Estudios Peruanos (IEP), 2009, Introducción, pp. 16-17.


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