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Sobre Jaddiel Díaz Frene y Ángel Cedeño Vanegas, Antonio Vanegas Arroyo, andanzas de un editor popular (1880-1901)

Engracia Loyo*

El Colegio de México

Historia mexicana,


Antonio Vanegas Arroyo, andanzas de un editor popular (1880-1901) es un pequeño gran libro que forma parte de “La aventura de la vida cotidiana”. Esta innovadora colección podría inscribirse dentro de un modo de hacer historia que ha cobrado gran auge en las últimas cuatro décadas por lo menos, y se conoce como nueva historia cultural. Como se sabe, este giro en la forma de escribir sobre el pasado busca atraer un público más amplio que el de especialistas y académicos recurriendo a narraciones o relatos breves, a episodios y acontecimientos que son solo una pequeña parte de la sociedad o de un momento determinado de su desarrollo. A diferencia de las grandes empresas académicas, la llamada nueva historia cultural busca dar voz a los silenciados en la historia y dejar atrás a los héroes de bronce para centrarse en la vida diaria del hombre común y, a la vez, pretende mostrar los hechos de la cotidianidad que moldean culturas y sociedades. Si bien abarca un variado territorio, un tanto variopinto, con frecuencia contribuye a recuperar aspectos relegados, como el de la cultura popular.1

Por otro lado, “La aventura de la vida cotidiana” aspira a familiarizar al lector con los avatares de la investigación histórica. Los autores de esta original serie muestran el sinuoso camino que recorrieron para desarrollar su tema y lograr su objetivo, una larga y fatigosa tarea detectivesca, siguiendo pistas, enfrentando obstáculos. Esta colección sin duda sugerirá nuevos cauces y será una herramienta útil no solo para quienes se inician en el arte de la investigación histórica, sino también para los estudiosos experimentados.

Antonio Vanegas Arroyo, el protagonista central de esta historia, contribuyó de manera significativa al enriquecimiento de la cultura en México, en particular de la cultura popular. La presente obra, testimonio de su trayectoria, es producto de la curiosidad, pasión y generosidad de dos autores: uno, un familiar de Vanegas Arroyo, quien de una manera algo casual comienza a interesarse por la historia de su antepasado. El otro, un académico cubano, un historiador con sólida formación, atraído desde tiempo atrás por la cultura popular mexicana. En conjunto, y unidos por el objetivo común de dar testimonio de la vida y obra de uno de los mayores editores de México, realizan este espléndido trabajo que es un valioso documento histórico y, a la vez, un deleite para el lector. Ambos emprendieron una aventura, similar a la de todo buen historiador: la concienzuda y azarosa labor de encontrar vestigios, acechar indicios, rastrear huellas, buscar contactos y establecer nexos y relaciones.

A manera de introducción, “Escribir la historia de mi familia”, el primer apartado del libro, relata la experiencia del bisnieto de Vanegas Arroyo para quien la imprenta fue siempre una parte central de su casa. Cedeño Vanegas creció entre recuerdos familiares, y rodeado de prensas y de numerosas hojas volantes, entre ellas, las letanías que el tío imprimía para Semana Santa y para las Posadas, cuadernillos que todavía acompañan a quienes celebran estos días a la antigüita.

Para conmemorar el centenario del nacimiento de la editorial Vanegas Arroyo, y a la vez reivindicar la memoria de su antepasado y desmentir la acusación de que explotaba a uno de sus colaboradores, el gran José Guadalupe Posada, su bisnieto comenzó a adentrarse en su vida y en su obra. De la noche a la mañana se convirtió en investigador, persiguiendo cualquier señal que lo llevara a su meta. Su interés fue creciendo a la par que sus descubrimientos, y sus hallazgos lo alentaban a continuar su búsqueda. Cedeño Vanegas visitó tianguis, hurgó en los archivos familiares, en boletines judiciales, se sumergió en el Archivo General de la Nación, en el Archivo de la Parroquia del Sagrario Metropolitano de Puebla, y en el Sagrario Metropolitano de la Catedral de México en busca de fechas, testamentos y actas de bautizo, defunción y matrimonio: “han sido años de estar buscando, analizando, recopilando, escribiendo y reescribiendo este libro, tiempo en el que fui de sorpresa en sorpresa... ”.2 Afirma que su trabajo cubre un hueco, ya que no se había publicado una historia entrecruzada de la editorial y la familia reivindicando la figura del impresor.

Tras esta introducción, la primera parte del libro, “Dos itinerarios y una investigación”, se convierte en un ameno relato en la ágil pluma de Díaz Frene, responsable también de la redacción del resto del trabajo. Al objetivo inicial del historiador, recuperar las hojas ilustradas por Posada sobre la independencia de Cuba, se sumó el de conocer por medio de los impresos los lazos entre México y Cuba, y realizar la microhistoria de un siglo de ambos países a partir de un texto de la familia de impresores. Esta empresa lo llevó a descubrir la importancia de toda esta industria de relatos e imágenes para los sectores populares, y “su papel protagónico en la construcción y recreación de prácticas, narraciones e imaginarios que forman parte de la historia profana de la nación, de la otra historia”.3 Así, el investigador se familiarizó con recetarios, corridos, plegarias, historias de bandoleros y catástrofes naturales. Sin duda disfrutó las páginas amorosas que “sacaron del apuro a varios remitentes que necesitaban cautivar el corazón de sus pretendidos o pretendidas”, pasaron de mano en mano y amenizaron reuniones y tertulias. El autor asegura que si bien los grabados de Posada y Manilla que ilustran estas hojas han sido ampliamente difundidos y algunas de sus figuras, como la célebre catrina, forman ya parte del imaginario y la cultura popular y nacional, poco se sabía del impresor y de los poetas, así como del proceso de producción y circulación, y de las “prácticas y circuitos que mediaron su incuestionable impacto social”.4 Este texto, apunta, reivindica a los trabajadores de la imprenta, pretende llenar vacíos, responder interrogantes y reconstruir “los avatares de don Antonio y su negocio”, y su vida familiar y cotidiana.

En un segundo tiempo de este apartado, “Bitácora de una búsqueda”, Díaz Frene describe su propia aventura como investigador: la escritura a dos voces, las charlas con su coautor en el café El Jarocho, sus esfuerzos para acercarse a la familia Vanegas y la hospitalidad de ésta, la faena de cargar y desempolvar las cajas de los archivos familiares y descifrar sus contenidos. Su ardua labor, afirma, fue recompensada con un “arsenal de fuentes”. Cartas, libros de ventas y de cuentas, recibos, contratos, convenios, y toda aquella información clave para desentrañar la vida cotidiana de la editorial de Vanegas Arroyo le permitieron rastrear y descubrir, o a veces imaginar, a los lectores, averiguar los sueldos de los trabajadores y, lo más importante, las redes del editor.

El objetivo de Díaz Frene no fue describir ni analizar el contenido o los temas de estos textos o cuadernillos, labor ya realizada por otros investigadores, sino “recuperar una historia olvidada que trasciende discursos”. Enfrentó así uno de los principales retos de la investigación histórica, conocer la difusión de las obras y a los interesados en ellas. Las fuentes citadas, las misivas, el número de pedidos, le revelaron “complejos circuitos culturales” y los gustos y preferencias de lectores ávidos de consumir los textos.

Otra recompensa a sus pesquisas fueron las fotografías que lo hicieron viajar al porfiriato y “conocer personajes congelados en el tiempo”. El historiador llama la atención sobre el valor heurístico de la imagen (y en particular de la fotografía) pero también sobre sus limitaciones: “una pose no surge de una intención pura, sino de la negociación entre el cliente y el fotógrafo... sus contenidos tienen que ser estudiados a partir del diálogo denso con las múltiples representaciones culturales de la época, clave las negociaciones entre el editor y los poetas y grabadores”.5

“Entre Porfirio y el Porfiriato”, el segundo apartado, muestra la estrecha relación entre el caudillo y la imprenta. Además de que su efigie aparecía en muchas de las hojas volantes, el mismo don Porfirio acudía personalmente al taller del célebre editor a ordenar trabajos diversos. Este capítulo es un esbozo del gobierno de Díaz, del crecimiento del país y de la ciudad de México, y del florecimiento cultural de ésta. El autor destaca^ entre los logros del régimen, la multiplicación de las vías férreas y el desarrollo de los medios de comunicación, teléfono, cine, servicio postal (llama la atención que no mencione el fonógrafo, que comienza a desarrollarse en estos años y cuya historia conoce muy bien), así como el auge del fenómeno editorial y, sobre todo, su efecto en el florecimiento inicial de la imprenta de Vanegas. Sin embargo, contrasta estos avances con las grandes desigualdades sociales, la precaria condición de los trabajadores, y la brutalidad y la represión del régimen frente a los brotes de descontento. Conforme el “dictador” se afianzó en el poder, aumentó el control de la prensa independiente por medios como subir los precios del papel, sobornar a escritores, o actos más violentos y sangrientos. Como es bien sabido, varios periodistas enemigos del régimen terminaron sus días en las tinajas de San Juan de Ulúa. Este ambiente adverso tuvo a la postre un resultado negativo para la imprenta de Vanegas.

En la tercera parte, “Historia de un hombre y su editorial”, pieza medular del trabajo, el historiador hace un esbozo biográfico de su personaje y, simultáneamente, se adentra en las entrañas del apasionante mundo editorial. Antonio Vanegas Arroyo, nacido en Puebla, fue hijo de un impresor quien por cuestiones políticas tuvo que huir a la Ciudad de México y establecer ahí un taller de encuadernación. Díaz Frene sigue la travesía de Vanegas Arroyo: el accidente de su padre que le hizo tomar las riendas de la imprenta ayudado por su esposa, Carmen Rubí, quien había ingresado al taller para coser los libros, el crecimiento del negocio y la familia y, más tarde, el establecimiento de su propio taller, pronto convertido en imprenta. El texto da cuenta de esta etapa de “ardua labor y esperanzas inquebrantables”, de los primeros trabajos y clientes, del funcionamiento cotidiano de la empresa y del proceso de organizaría y mantenerla. Destaca en el equipo de trabajo al grabador Manuel Manilla, ilustrador de cuadernillos varios, obras dirigidas al público popular, y a José Guadalupe Posada, quien como litógrafo, caricaturista e ilustrador de libros enriqueció la línea editorial y el prestigio de la empresa.

Otro hallazgo del autor fue localizar los pedidos hechos desde el extranjero, lo que le permitió explorar la relación entre cultura popular y emigración, y abrir así un nuevo cauce para el estudio de la vida cotidiana. Díaz Frene sugiere que la apropiación de las obras salidas del taller de Vanegas Arroyo “permitió a los inmigrantes resistir los procesos de normalización cultural impuestos desde el gobierno receptor”.6 Para concluir, imagina o supone los vínculos y redes que se formaron con otros compradores, impresores o clientes, y señala una brecha a seguir para revalorizar la trascendencia de la cultura popular en la historia de México.

En “Entre álbumes e inventarios”, la parte que cierra la obra, el autor recurre a las fotografías como un lente para observar tanto la vida cotidiana de la familia como la de la imprenta. Por último, un Anexo saca del anonimato a los escritores, grabadores, encuadernadores, prensistas, costureras que trabajaban en el taller. Vale la pena resaltar que era un equipo predominantemente masculino. La excepción son dos mujeres costureras.

La obra tiene además otros valores: uno de ellos, sus ilustraciones, tan elocuentes como el texto mismo: Díaz Frene comparte con el lector fotografías, documentos, portadas de folletos diversos y hojas volantes (recetarios, obras de teatro, las legendarias calaveras), contratos, listas de precios y de empleados, pedidos, fragmentos de cartas. Además de descubrir fuentes y aportar nuevos datos, el trabajo se apoya también en una amplia y actualizada bibliografía. En ella hay un marcado contraste entre la abundancia de obras sobre Posada y la escasez de investigaciones sobre el editor Vanegas Arroyo. No es un mérito menor del texto su estilo correcto, fluido y ameno, y el que se lea con gran gusto de principio a fin.

Antonio Vanegas Arroyo, andanzas de un editor popular (1880- 1901), contribuye de manera original e innovadora a la historia de la vida cotidiana y al conocimiento de la historia de la cultura en México, conduciendo al lector paso a paso por el intricado laberinto de la investigación.





Notas al pie:

1.

fn1 Sobre la historia cultural véase, entre otros, Peter Burke, ¿ Qué es la historia cultural?, Barcelona, Ediciones Paidós, 2006, y Justo Serna y Anaclet Pons, La historia cultural Autores, obras y lugar es, Madrid, Ediciones Akal, 2005.

2.

fn2Díaz Frene y Cedeño Vanegas, Antonio Vanegas Arroyo, p. 27.

3.

fn3Díaz Frene y Cedeño Vanegas, Antonio Vanegas Arroyo, p. 30.

4.

fn4Díaz Frene y Cedeño Vanegas, Antonio Vanegas Arroyo, p. 32.

5.

fn5Díaz Frene y Cedeño Vanegas, Antonio Vanegas Arroyo, p. 50.


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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 69, Núm. 4 (276) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 18 de marzo de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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