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Florencia Roület, Huincas en tierra de indios: mediaciones e identidades en los relatos de viajeros tardocoloniales

José Manuel Zavala Cepeda

Universidad Católica de Temuco / Universidad de Chile

Historia mexicana,


Recién comenzamos a conocer la historia del mundo indígena "libre" del Cono Sur de América del Sur. Se trata de un gran espacio situado entre el Atlántico y el Pacífico, al sur de una línea imaginaria que podríamos trazar desde Buenos Aries hasta Mendoza y desde allí hasta Concepción de Chile siguiendo los valles andinos. Territorio que se mantuvo, en buena parte, independiente del control estatal, hasta el último cuarto del siglo XIX.

El libro de Florencia Roulet constituye sin duda un hito destacado en esta historia en construcción, en la medida en que une los dos cabos desde donde se ha abordado su estudio: desde el Atlántico y desde el Pacífico. Dos miradas nacionales cuando no nacionalistas de la historia, desde Argentina y desde Chile, que durante largos años estuvieron más preocupadas de la construcción de sus respectivas identidades nacionales y de las delimitaciones de sus fronteras territoriales que del estudio objetivo de los mundos indígenas que habitaron y aún habitan (en parte) dicho espacio con independencia de las soberanías estatales que hoy lo seccionan.

Los viajes tardocoloniales que analiza la autora desempeñan justa mente la función de quebrar esa lógica bipolar de la mirada sobre la realidad indígena al ser -varios de ellos- recorridos que cortaron transversalmente el territorio permitiendo de algún modo unir los dos cabos de las miradas nacionales sobre el mundo indígena de "tierra adentro".

En efecto, la obra que comentamos es un estudio detallado de siete viajes al territorio indígena que tuvieron lugar entre 1796 y 1810. Cinco de esos recorridos se iniciaron en Chile y tuvieron como propósito fundamental descubrir o reconocer caminos que permitieran unir el puerto de Buenos Aires (Atlántico) con las provincias meridionales de Chile (Pacífico). Entre éstos destacan los dos viajes de Santiago de Cerro y Zamudio (1802-1803 y 1804-1805) desde Talca hasta Buenos Aires y el del alcalde de Concepción, Luis de la Cruz, de Concepción a Melincué (1806). Se trata de exploraciones ruteras en una época de absolutismo ilustrado borbónico donde el incentivo del comercio fue considerado la panacea del progreso y un mecanismo de integración civilizadora de las poblaciones indígenas y apartadas. Los otros dos viajes son en realidad visitas inspectoras hechas por funcionarios coloniales a las líneas fortificadas de penetración en el territorio indígena desde Buenos Aires que no llegan hasta los Andes. Se trata del viaje comandado por Félix de Azara que recorre los fuertes del norte del río Salado, entre Luján y Melincué (1796), y de la expedición posterior de Pedro Andrés García a Salinas Grandes (1810).

La obra de Roulet pareciera ser una investigación de microhistoria, detallista y etnográfica, pero es mucho más. En realidad, los viajes en examen son la puerta de entrada para un estudio más amplio que revisa gran parte de la historia del contacto entre el mundo colonial y los pueblos indígenas de la Pampa, Patagonia y Piedemonte andino adyacente. Se trata de una versión, como dice la autora, ligeramente simplificada de su tesis doctoral presentada en la Universidad de Buenos Aires en 2013 bajo la dirección de la profesora Lidia Nacuzzi.

En la primera parte del libro, Florencia Roulet pasa revista a las relaciones hispanoindígenas en la Pampa y Norpatagonia en los siglos XVI y XVII y luego hace un análisis etnográfico de las fuentes. La segunda parte trata de los viajeros tardocoloniales en tierras de indios y reconstruye el contexto de producción del corpus documental. En la tercera y última parte, la autora analiza la percepción que tuvieron los blancos (huincas) de la alteridad indígena, y documenta las dinámicas de pobla-miento y las relaciones interétnicas en los albores de la república (y postrimerías de la colonia). También aborda el tema de la etnicidad y de su plasticidad.

A este respecto, Roulet destaca las diferentes actitudes y percepciones de la alteridad indígena en los dos grupos de viajeros que distingue: a) aquellos provenientes de Chile, que podríamos caracterizar como hombres "prácticos" sin mayores pretensiones y con una visión más empirista del mundo indígena y b) el de los funcionarios bonaerenses cuyos viajes de enmarcaron en un afán de control y conquista militar, con una visión más ideologizada del indígena que se trasluce en las caracterizaciones etnográficas confusas y cambiantes que establecen.

Son justamente algunos de los estereotipos surgidos de estas primeras visiones radicales de la alteridad indígena los que operaron como base de construcciones identitarias nacionales que, en palabras de la autora, han contribuido a definir "una aboriginalidad no constitutiva de la identidad nacional, consagrada en mitos y estereotipos" (p. 31). Y lo que busca Roulet es "brindar herramientas críticas para deconstruir tales visiones sesgadas acerca de la historia y de los aportes de los pueblos indígenas a la génesis del Estado nacional" (p. 31).

Hay dos debates centrales, a mi entender, en los que Huincas en tierra de indios hace aportes significativos. El primero tiene que ver con la capacidad de "agencia" indígena y el segundo es atingente a los sistemas clasificatorios de las identidades indígenas.

En relación con el primer debate, la autora aboga por la capacidad indígena de pensar y condicionar la relación con el extranjero colonizador en sus propios términos y según estrategias grupales representadas por diversos tipos de liderazgo. En este sentido, Roulet se aleja del planteamiento que considera los mecanismos institucionalizados de relaciones fronterizas (tratados, alianzas político-militares, visitas comerciales y diplomáticas) exclusivamente como dispositivos de poder colonial para observarlos desde el otro lado de la frontera, considerando a los actores indígenas no como entes pasivos sino plenamente activos y con visiones políticas estratégicas.

A este respecto, la autora descubre, en el análisis que hace de los viajes "tierra adentro" de los blancos, que existen unos protocolos indígenas bien definidos de cuyo éxito depende en gran parte el éxito de dichas empresas y la evaluación que hacen de ellas los grupos anfitriones; de este modo, la etiqueta nativa considera una serie de etapas, cada cual con sus reglas y ritmos, como son: las "presentaciones", la "escolta familiar", el "anuncio de la llegada", el "recibimiento o salutación", las "parlas" y finalmente la "distribución de los regalos".

En relación con el segundo debate, la autora hace una verdadera genealogía de las clasificaciones étnicas, en particular en el capítulo V, buscando los indicadores que operaron en quienes asignaron las pertenencias. Es un trabajo delicado y minucioso, pues claramente los elementos contextuales, tanto epocales como geopolíticos, definieron las epistemes a partir de las cuales se percibieron y valoraron las alteridades indígenas. Dos grandes ejes parecen ser pivotes de dichas clasificaciones: proximidad versus lejanía y alianza versus oposición de las diversas agrupaciones que se movían en este gran espacio fuera de control estatal. Pero no todo el embrollo de las categorías étnicas se debe a las miradas contradictorias y antojadizas de los observadores, sino que verdaderamente el cambio del siglo XVIII al XIX coincide con un periodo de aceleración de transformaciones culturales y movimien tos migratorios que van definiendo un paisaje etnográfico de la Pampa, Patagonia y Piedemonte andino adyacente muy diferente al que pudo ser observado por los primeros conquistadores y exploradores europeos. Se observa ya una predominancia de la lengua mapuche como lengua franca y la constitución de agrupaciones mixtas sobre la base de diferentes filiaciones étnicas en torno a lo que podríamos denominar el complejo ecuestre.

La importancia del trabajo archivístico realizado, la calidad de los análisis producidos, así como el marco teórico en el cual se inscribe la obra que comentamos y los debates en que participa hacen muy recomendable su lectura tanto para el público iniciado como para quienes quieren introducirse en el estudio de esta gran área cultural e histórica del Cono Sur pues encontrarán en ella una síntesis actualizada y una profundización analítica del periodo tardocolonial.

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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 69, Núm. 3 (275) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Pablo Yankelevich. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 2 de diciembre de 2019. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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