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Sobre Lazar Jeifets y Victor Jeifets, América Latina en la Internacional Comunista, 1919-1943. Diccionario biográfico

Rolando Eugenio Álvarez Vallejos1

Universidad de Santiago de Chile

Historia mexicana, 2018


La historiografía sobre el comunismo ha tenido un ingente desarrollo en las últimas dos décadas. El hecho de que su experiencia histórica durante el siglo XX tenga un punto de partida y un final claramente definido, alentó los intentos de hacer balances generales sobre sus resultados. Por su parte, el fin de la Guerra Fría permitió que cedieran terreno las reconstrucciones sobreideologizadas de uno y otro lado, para dar paso a trabajos de gran rigurosidad historiográfica. En este sentido, la apertura parcial, en la década de 1990, del Archivo Estatal Ruso de Historia Sociopolítica (RGASPI en su sigla en ruso), constituyó una nueva fuente decisiva para incentivar numerosas investigaciones en diversas partes del mundo. Las especulaciones iniciales planteaban que, mediante la desclasificación de estos documentos, se desvelarían “grandes secretos” de la historia del comunismo, que obligarían a hacer una tabula rasa sobre la historia de este movimiento internacional. Sin embargo, el tiempo dio paso a pesquisas que hicieron más complejo el otrora dicotómico campo de estudio del comunismo. Así surgieron o ahondó en estudios sobre diversos tópicos: la vida cotidiana de los militantes y las sociedades comunistas; el examen por medio de las autobiografías comunistas, basado en el método prosopográfico; microhistorias; la estalinización de los partidos comunistas; las disidencias; la cultura y el comunismo como cuestión global/trasnacional, entre otras materias.

En este contexto, las investigaciones en América Latina, región alejada de los centros más cruciales donde se definió el curso de la historia global del comunismo, no se quedaron atrás. En muchos países del subcontinente, azotados por el flagelo de las dictaduras militares, a partir de la década de 1990 y siguientes, se comenzaron a reconstruir las historias nacionales de los comunismos. En este contexto, se publicó en 2004 América Latina en la Internacional Comunista, 1919-1943. Diccionario biográfico, a cargo de los historiadores rusos Lazar y Víctor Jeifets y el alemán Peter Huber. Más de una década más tarde, en 2015, en el marco de un esfuerzo mancomunado y transnacional, producto del aporte de numerosos investigadores latinoamericanos y de otras partes del planeta, la obra se reeditó, ahora bajo los nombres de L. y V. Jeifets y la edición general del historiador chileno Manuel Loyola.

La obra consiste en la presentación de alrededor de 1 500 biografías de hombres y mujeres que pertenecieron o participaron en alguna actividad organizada por la Internacional Comunista. Sus nacionalidades eran muy variadas, principalmente de Latinoamérica, así como también de diversas partes de Europa, y en menor medida de Asia y de África, producto del carácter transnacional de los emisarios cominternianos. Cada biografía contiene información básica, compuesta por el nombre completo, el seudónimo, lugar y fecha de nacimiento y fallecimiento, entre los aspectos principales. Basadas en la cuadratura de fuentes y datos diversos, las biografías distan de ser homologables en cuanto a sus dimensiones. Por el contrario. Algunas son extensas, ricas en detalles y matices sobre la persona. Otras, en cambio, pueden alargarse apenas un par de líneas. Aquí se revela una de las intenciones explícitas de los autores: rescatar del olvido a hombres y mujeres que formaron parte del mundo de la Comintern. Así la apuesta del diccionario biográfico de los Jeifets es sobre todo cuantitativa, más que cualitativa. De acuerdo con los autores de este diccionario, aunque sean un par de líneas, éstas serán las pistas que deberán seguir nuevos investigadores.

Por otra parte, esta monumental obra debió enfrentar importantes dificultades de orden metodológico. En primer lugar, la información proveniente de los archivos de la Comintern suele ser contradictoria, lo que dificulta la identificación de muchos individuos. A esto se le debe sumar que, producto de su labor, los agentes cominternianos operaban bajo estrictas normas de clandestinidad y compartimentación. De ahí la importancia de identificar los seudónimos que aparecen en gran parte de la documentación, con los nombres reales de los integrantes de la Internacional Comunista. Ante esta problemática, los autores cruzaron la información con otras fuentes y textos, lo que sirvió para cotejar la recogida de los archivos soviéticos. Con todo, como ya decíamos, los autores optaron explícitamente por integrar toda la información posible, aunque fuera escueta. Esto revela que los Jeifets son conscientes del carácter provisorio e incluso inestable de su diccionario biográfico. La labor que implica una obra como ésta supone tener claro que no sólo falta información que recopilar, sino que probablemente existan erratas y numerosos aspectos que se podrán enmendar en el futuro.

En todo caso, la amplitud y rigurosidad metodológica de este diccionario biográfico sobre los cominternianos en América Latina contiene elementos que van más allá del Archivo Estatal ruso y otros centros archivísticos ubicados en Rusia. En efecto, también destaca el examen de diversas fuentes documentales, como el Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (CEMOS, México); el Archivo General de la Nación (México); centros documentales en Estados Unidos y algunos archivos personales. Si esta labor ya aparece como una tarea monumental sólo realizable en varios años de investigación in situ, se le deben agregar entrevistas con descendientes de antiguos cominternianos y el intercambio epistolar que los autores sostuvieron con algunos de ellos. Y, como broche de oro, se debe añadir la revisión de fuentes periódicas de diversas partes de mundo (Alemania, Unión Soviética, Perú, México, Cuba, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Francia, Argentina, Chile y Checoslovaquia). Por estos motivos, el diccionario biográfico de los Jeifets tiene como una de sus principales fortalezas la densidad de una investigación que ha implicado décadas de dedicación. En este sentido, es evidente que una obra ambiciosa y extensa como la que estamos comentando no hubiera terminado de concretarse sin el aporte de numerosos investigadores que complementaron la obra gruesa elaborada por los autores.

En el prólogo del libro, el historiador argentino Hernán Camarero señala que este trabajo constituye un referente de consulta permanente para cualquier persona interesada en conocer la historia del comunismo en América Latina durante la primera mitad del siglo XX. El carácter transnacional de la experiencia comunista, resaltado por trabajos sobre la Comintern -como el de la historiadora Briggite Studer, The Transnational World of the Cominternians (2015)-, recalcan la importancia de adoptar esta perspectiva para abordar la historia del comunismo. En el caso de América Latina, el libro de los Jeifets constituirá un aporte para impulsar esta perspectiva, la que todavía cuenta con un desarrollo más bien incipiente. La presencia y el papel de los agentes cominternianos en América Latina se insertan en el debate historiográfico sobre cómo abordar la historia del comunismo. Por un lado, se relaciona con una cuestión que desde siempre ha estado presente en este campo de estudio: sopesar la importancia de los factores internacionales en las historias locales de los comunismos. La dependencia material, política, ideológica e identitaria de la Unión Soviética es indiscutible en la historia del comunismo. Sin embargo, los autores con planteamientos críticos a estas organizaciones enfatizan la importancia de los factores internacionales, restándole importancia a lo nacional. La caricatura del “agente externo” ha estado presente en múltiples obras de factura anticomunista desde hace décadas. En cambio, los autores con mayor empatía con la historia de la izquierda han planteado la necesidad de hacer más compleja la mirada mecanicista sobre la supuesta manipulación externa de los partidos comunistas. Sin negar la existencia de esta variable, la importancia de los contextos nacionales y la manera como éstos determinaron la recepción de los factores internacionales representan una respuesta que problematiza la óptica de la manipulación.

Como lo ha apuntado el historiador británico Stephen A Smith, esta discusión dentro de la historiografía del comunismo ha pasado a ser un debate mayor, librado entre las explicaciones de corte estructuralista y otras “intencionalistas”. En el fondo, el sinuoso equilibrio entre el papel del sujeto en la historia y cómo los factores externos a él delimitan su campo de posibilidades de acción. En el caso de los agentes de la Comintern, la tentación de exaltar su papel en las historias nacionales tiene una larga data. Un caso es el de Eudocio Ravines, emisario peruano que llegó a Chile a mediados de la década de 1930 a imponer un giro desde las denominadas “políticas del III periodo” hacia las del Frente Popular. Conocido por su giro anticomunista en la década de 1940, la autobiografía de Ravines (La gran estafa,1952) ha sido utilizada por la historiografía conservadora para argumentar el carácter foráneo e impuesto por el “comunismo internacional” del Frente Popular, coalición de centro-izquierda que ganó las elecciones presidenciales de 1938 en Chile. Sin embargo, al analizar la evolución política y de los movimientos sociales chilenos, duramente reprimidos durante la dictadura de Ibáñez desde fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, es posible entender las condiciones históricas que permitieron la confluencia político electoral de las fuerzas de izquierda y centro en Chile. Es decir, si bien el papel de Ravines parece haber sido importante durante su estadía en Chile como representante de la Comintern, sus enfrentamientos con el pc local y las condiciones político sociales del país apuntan a la necesidad de relativizar su papel en Chile.

De esta manera, la importancia del diccionario biográfico radica en que representa una ayuda inestimable en la reconstrucción de las redes de influencia y la trayectoria militante de los cominternianos y de la participación de la militancia comunista en actividades relacionadas con la Internacional Comunista. No es su objetivo, ni remotamente, aportar la información definitiva sobre el papel de tal o cual militante en algunos de los países de América Latina. Más bien, ayuda a contornear perfiles, establecer contactos, descartar o presumir influencias. Sobre todo, a establecer comparaciones entre los casos, entender dinámicas generales y también las diferencias nacionales de cada experiencia.

En esta línea, se ha propuesto lo que un grupo de historiadores españoles ha denominado “historia social del comunismo” (Manuel Bueno y Sergio Gálvez en Nosotros los comunistas (2009). En este caso, se propone que por medio de la historia social se dinamice una apuesta historiográfica capaz de ser alternativa a las reconstrucciones institucionalistas, de las que la portentosa historia de la revolución rusa del británico Edward H. Carr es la mejor y mayor representante. De esta forma, esta visión historiográfica ha descentrado la historia del comunismo, fijándose en la historia de los militantes de base, conectados a entornos culturales diversos, que dejaban su marca distintiva en las historias locales de cada pc. Así, las generalizaciones “por arriba” de la historia de los partidos comunistas durante el periodo de la Comintern se muestran insuficientes. Asimismo, se golpea fuertemente el clásico trabajo de la historiadora francesa Annie Kriegel, Los comunistas franceses. Considerada la primera sociología histórica sobre la historia de un pc, esta obra creó un modelo de análisis sobre la historia de los partidos políticos y organizaciones sociales. Sin embargo, su énfasis en que los pc crean “comunidades cerradas”, subculturas que socializaban sólo entre sí -lo que los convertía, supuestamente, en un “injerto” extraño en la sociedad nacional francesa”-, ha sido fuertemente impactado por el enfoque de la “historia social del comunismo”.

Por ello, más que centrarse en las cuestiones internas de los pc, las tendencias actuales se han enfocado en la manera como las organizaciones comunistas se insertaron en los movimientos sociales. Lo que se concluye de este tipo trabajos es que la presencia dentro de las organizaciones sociales modificó y amoldó el enfoque político de la organización política. Así, se invierte la tradicional mirada que se concentra en cómo el partido influye en el movimiento social, por el fenómeno inverso. Para este tipo de enfoque, el diccionario biográfico de los Jeifets se levanta como una herramienta en extremo útil, pues en la medida en que haya sido encontrada, la reseña de cada militante contiene datos sobre su pertenencia a organizaciones sociales y en qué instancia de la Comintern había participado o pertenecía.

En resumen, la voluminosa edición de 2015 de América Latina en la Internacional Comunista, 1919-1943. Diccionario biográfico, representa un notable aporte al estudio del comunismo latinoamericano. No sólo por su erudición, cuidados, detalles y enorme cantidad de información que ofrece de más de un millar de militantes comunistas, sino porque desde su publicación, se convirtió en un pilar necesario para las nuevas líneas de investigación sobre el comunismo en América Latina.

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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 68, Núm. 3 (271) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Pablo Yankelevich. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 18 de diciembre de 2018. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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