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Sobre Angélica Jimena Afanador-Pujol, The Relación de Michoacán & the Politics of Representation in Colonial Mexico(1539-1541)(Marina López López)

Marina López López1

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

Historia mexicana,


Angélica Jimena Afanador-Pujol ha escrito un libro tan inteligente como fascinante. The Relación de Michoacán (1539-1541) & the Politics of Representation in Colonial Mexico es un estudio que sobrepasa el trabajo de historiadores, de escritores y de estudiosos de las humanidades. La historia de los documentos del siglo XVI mexicano adquiere aquí un significado que no estaba, hasta ahora, en los más autorizados y canónicos textos especializados y de consulta al respecto. La Relación de Michoacán es vista como parte de la historia de lo político y no como objeto de estudio de la historia cultural, de la cultura visual o de la historia del arte. Para Afanador-Pujol es testimonio de las formas de vida y organización social, política y religiosa del pueblo llamado en nuestros días purépecha, que ha poblado desde tiempos precolombinos lo que actualmente es el estado de Michoacán, en el occidente de México. La Relación de Michoacán es, ante todo, un documento legal que entre sus narraciones e imágenes revela mucho más que el tránsito de lo mítico a lo histórico. Es la representación del gobierno colonial legítimo derivado de un contexto de conflicto, de acuerdos y de litigio entre más de dos facciones.

El contexto en que fue compuesta la Relación de Michoacán es el punto de partida de Afanador-Pujol, aunque también el de llegada, no sin hacer un fructífero y placentero rodeo por entre los aspectos narrativos y pictográficos que la componen. Es este camino andado por la autora su propuesta de sentir el contenido de la Relación con una actitud respetuosa de la tradición ilustrada que sujeta la mayor parte de los campos científicos en nuestros días y, al mismo tiempo, dejando escuchar su voz en primera persona. La complejidad de la vida cotidiana de los primeros 20 años de la presencia española en territorio mexicano sobrepasa la común, y pretendidamente científica, representación de la llamada conquista en una relación jerárquica de vencedores y vencidos, de españoles e indios, de victimarios y víctimas. La voz de Afanador-Pujol se escucha mientras narra el acontecer de esa vida cotidiana, el contexto en que se gestó la Relación, que no ha sido vista, aunque esté ahí a la mano, porque no se le puede ver sin conocerla.

Los años de composición de la Relación son de primera importancia. La pregunta que no nos plantea Afanador-Pujol y que, sin embargo, atraviesa todo el libro, es ¿qué pasaba en México, en Michoacán específicamente, entre los años 1539 y 1541? ¿Por qué fue necesaria la Relación de Michoacán? ¿Cuál era la organización social y política para que el autor más reconocido del documento, fray Jerónimo de Alcalá, dirigiera en el Prólogo la narración de la vida de los michoacanos hasta la llegada de los españoles y las imágenes que acompañaban las narraciones al entonces recién nombrado virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza? Responder a la primera pregunta exige situarnos en ese momento. Responder a las siguientes, conocer a cada uno de los personajes implicados. Eso es algo que está en primer lugar en la prosa de Afanador-Pujol. Así, mediante un amplísimo acervo bibliográfico, de una profunda consulta de diversos archivos en Michoacán, en México y en España, la autora ofrece referencias biográficas de los participantes en la elaboración de la Relación. Esas biografías sitúan a cada uno de sus protagonistas e iluminan el sentido, por un lado, de la política en la naciente organización colonial y, por otro, las escenas representadas en la Relación de Michoacán.

Si nos movemos en el plano de los nombres que aparecen claramente indicados en la Relación de Michoacán, por ejemplo, fray Jerónimo de Alcalá, el virrey Antonio de Mendoza, don Pedro Cuinierangari, el cazonci Zinzincha Tangaxuan o Nuño de Guzmán, la tarea de consultar y construir una mínima biografía no se antoja tan complicada, aunque lo difícil sea hacerlo. Pero si nos proponemos decir algo acerca de los informantes y los pintores que participaron en la composición de la Relación, la tarea ya no resulta tan aparentemente sencilla. Con todo, Afanador-Pujol no sólo indica quiénes fueron los informantes, además de don Pedro, quien se define como intermediario en la Relación y era entonces gobernador de la provincia, también identifica la participación del resto de informantes y de cuatro anónimos carari (término purépecha para designar al escritor y al pintor) en la elaboración de las imágenes. Esos carariecha, aunque anónimos, pertenecían o eran muy próximos a la nobleza indígena. Estas dos ideas, derivadas del contexto, son completamente novedosas en el amplio conjunto de estudios acerca de la Relación de Michoacán y en el todavía más grande acervo de trabajos en torno a las formas de representación de lo indígena durante el siglo XVI, normalmente orientados al centro de México.

Estos tres aspectos, el contexto, los carariecha y su cercanía a la nobleza, son las claves que permiten a la autora explorar la Relación de una manera novedosa y sencilla, tan transparente que genera en los lectores la sensación de conocer la Relación de Michoacán sin haberla visto antes. Es con ayuda de estas claves que comienza la historia de la representación política en el México colonial. Afanador-Pujol muestra el mundo donde era necesario legitimar realidades. En octubre de 1539 hubo una lucha armada entre Juan Infante, uno de los encomenderos con mayor número de encomiendas, y la nobleza indígena respaldada por el obispo Vasco de Quiroga. Ese mismo año el virrey Mendoza visitó Michoacán para enterarse de la situación política de la región y fue entonces cuando le pidió al franciscano fray Jerónimo de Alcalá que elaboraran la Relación. El documento, que contiene narraciones acerca del origen y organización precortesiana, fue el medio por el cual se explicaría que don Pedro Cuinierangari fuera entonces gobernador y daría el lugar que requerían los uanacaze, la élite gobernante de un pueblo cuyo origen era chichimeca-uacusecha. Pero también el lugar de al menos dos grupos indígenas opuestos que debieron conciliar sus intereses haciendo frente común al encomendero Juan Infante: los herederos del cazonci y de don Pedro Cuinierangari.

Together with the bishop, the nobles took Infante back to court. They argued for the reunification of the basin, because according to them it had been the Tangaxuan’s Señorio, and now it was the City of Michoacán, encomienda of the Crown and See of the Bishopric. This alliance provided many lucrative advantages to Quiroga and his legal expertise to the indigenous nobility (p. 102).

Esa legitimación y puesta en claro del pleito fue posible por la originalidad del trabajo de los carariecha. El fraile declaró en el Prólogo que esa gente no tenía libros ni moral, su única virtud era la generosidad y no tenían noción alguna de la castidad, la temperancia y la justicia. Sin embargo, y contrario a lo dicho por el fraile, Afanador-Pujol descubre que hay imágenes en la Relación que muestran las formas de administración de la justicia, que tenían que ver con una noción uanacaze del cuerpo y con el castigo de crímenes de particular importancia para la audiencia española, como el adulterio y la brujería. “These particular punishments seem to have responded to P’urepecha concepts of the body […] the artists created an image that responded to Spanish interest while using P’urepecha concepts” (p. 65). Las imágenes legitimaban el poder de la nobleza uacanaze porque coincidían con los crímenes y castigos contenidos en las reformas de Fernando III y las Siete Partidas de Alfonso X: “these representations, visual and otherwise, of a pre-Columbian justice system in ways that Spanish officials could have comprehended would have helped indigenous leaders validate their continuation in power during colonial times” (p. 66).

Por otra parte, los artistas dieron unidad a la cuenca del lago de Pátzcuaro como centro del gobierno y, al mismo tiempo, como totalidad del territorio dominado por los uanacaze. El discurso del petamuti (sacerdote) ayudaría a formar el paisaje de Michoacán dentro del dominio político uanacaze en la mente del virrey. En el discurso y las imágenes se narra cómo los uanacaze eran líderes de un grupo nómada conocido como chichimeca-uacusecha (águilas) que llegaron a las tierras del norte michoacano, donde permanecieron durante cuatro generaciones, y eventualmente bajaban al lago de Pátzcuaro donde, finalmente, fundaron una ciudad independiente con diferentes grupos étnicos: formaron alianzas políticas casándose con mujeres locales y usando la intervención divina en su favor. El pequeño grupo de isleños que se sometió a los uanacaze no era otro que los ancestros de don Pedro Cuinierangari, el entonces gobernador y uno de los informantes de la Relación.

A partir de la lucha por las tierras que originó la elaboración de la Relación, los grupos implicados reclamaban su juridicción en el lago de Pátzcuaro. Por un lado, se narra la manera en que los chichimecas se establecieron en el lago de Pátzcuaro y adoptaron una forma de vida sedentaria; los gobernantes son representados portando siempre un arco y una flecha como insignias de su poder, tal como en el mundo medieval europeo lo eran los miembros de la aristocracia, los reyes y los clérigos. Los atributos del cazador eran la marca de distinción de los hombres virtuosos, valientes, justos y fuertes. Esas mismas eran las cualidades de los uanacaze descendientes de los chichimecas, y para el virrey sería muy fácil asociarlos con la clase naturalmente gobernante. Pero, por otro lado, la imagen que se elaboró de la tribu chichimeca durante el siglo XVI es la de gente salvaje, sin ningún valor y menos apta para aceptar la fe cristiana. La pregunta de Afanador-Pujol es ¿por qué los narradores de la Relación identificaron a sus ancestros con los chichimecas? ¿Qué esperaban representándose como chichimecas ante la audiencia colonial? Los artistas de la relación, dice la autora, representaron a los gobernantes con arcos y flechas identificando su autoridad y poder militar, que en Europa también eran valores cristianos. Con estos atributos marcaron las diferencias con otros grupos étnicos y evidenciaron que se rindieron pacíficamente y apoyaron a los españoles en la conquista de otros grupos. El primogénito del cazonci Tangaxuan, don Francisco Tariacuri, acompañó al virrey en la guerra del mixton con un ejército. Y en la lucha contra Juan Infante, el obispo Quiroga fue a defender las tierras con un grupo de chichimecas armados.

El gobernador de la provincia en el momento en que se realizaba la Relación era don Pedro Cuinierangari, descendiente de los isleños conquistados por los ancestros uanacaze. El gobernador debía justificar su puesto en la política indígena en un momento en que la lucha por las tierras con el encomendero Juan Infante era patente. Pero, al mismo tiempo, la Relación fue el medio por el cual se informaba al virrey Mendoza que había ahí dos herederos del lugar que ocupaba el cazonci: don Francisco Tariacuri y don Pedro Huitzimengari, ambos hijos de Zinzincha Tangaxuan, el último cazonci. Esta secuencia genealógica está representada con un árbol de Jesé. “The power of the uanacaze tree in the Relación to convey a family lineage to European audiences relies on its mimicry of this European model. At the same time, it conveys a complex political history” (p. 146). En las representaciones medievales la raíz del árbol era Jesucristo, en el árbol uanacaze es Thicateme; con él los cazadores chichimecas se establecieron en Michoacán y comenzó el dominio uanacaze. Las ramas del árbol son todos los ancestros del último cazonci, Zinzincha Tangaxuan, quien aparece entre llamas con los ojos abiertos. Las dos ramas más altas son, por su parte, don Francisco Tariacuri y don Antonio Huitzimengari, los herederos del cazonci juzgado y ejecutado por Nuño de Guzmán en 1539. Los isleños fueron conquistados por los ancestros de Tangaxuan y, por ello, esclavos. Pero esa esclavitud les dio el título de hermanos, por eso don Pedro era gobernador: porque era hermano de Tangaxuan. Eso justificaba su posición en la estructura colonial. Con el árbol se representaba el gobierno precolombino y se legitimaba su continuidad en el gobierno colonial.

El año de 1539 fue crucial. Don Antonio de Mendoza era el virrey de la Nueva España y el presidente de la Primera Audiencia, Nuño de Guzmán, dejaba su cargo. En ese momento el hijo mayor del cazonci tenía la edad suficiente para gobernar. Los informantes, el editor y los dibujantes de la Relación debían entonces dar cuenta de un linaje, pero también de la manera en que la clase gobernante debía continuar. La imagen del funeral es una evocación de ceremonias que no formaban parte de la experiencia reciente de los informantes y de los dibujantes. Para restaurarla debían representarla en el papel remitiéndose a la memoria y la imaginación. En la imagen se distinguen, por los colores, los enemigos conquistados, los guerreros chichimecas y los grupos de nobles que vivían en el palacio. Todos diferentes y al servicio de la clase gobernante uanacaze. Hay cuerpos pintados de amarillo que corresponden a los isleños y los sacerdotes que pertenecían al grupo de las víctimas sacrificiales. Están las figuras pintadas de negro, que son los gobernantes uanacaze y, finalmente, el cazonci muerto enmascarado de turquesa. El significado de la máscara no es descrito en la Relación, pero la autora propone que sea comprendida como el medio con que se asocia al gobernante uanacaze con el dios curicaueri, el dios de los ancestros chichimecas de los uanacaze. Con el funeral se muestra a la audiencia colonial el modo en que, en el mundo precolombino, era la sucesión en el gobierno. Y esta demostración, durante los primeros 50 años de gobierno español, fue muy importante. El caso uanacaze es muy interesante porque, mientras que la corona estableció que los oficiales indígenas debían ser electos anualmente, en Michoacán los hijos del gobernante Zinzincha Tangaxuan no dejaron sus puestos y gobernaron durante toda su vida.

The Relación de Michoacán (1539-1541) & the Politics of Representation in Colonial Mexico es un libro que da cuenta de la representación política colonial. Afanador-Pujol muestra el intercambio de códigos y conocimientos que se transmitieron de un lado a otro del océano. Tal fue el papel determinante de los artistas que dibujaron la Relación: representar en códigos que ya no eran ajenos al mundo novohispano una organización política acorde a los intereses de una determinada élite gobernante, a la cual pertenecían. Así, Afanador-Pujol declara el sentido de su trabajo:

[…] my work further reveals that these artists did more than illustrate the text; they often complemented it, added information, and went so far as to change some of the narratives […] By carefully selecting from both European and pre-Columbian visual repertoires, these artists conveyed complex meanings and lent authenticity to the contents of the manuscript while seeking to communicate to colonial authorities (p. 35).

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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 69, Núm. 3 (275) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 5 de febrero de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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