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Sobre Ricardo Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo de la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica

Mónica Blanco1

Universidad Nacional Autónoma de México

Historia mexicana, 2018


Nueva Era y la prensa en el maderismo es un acucioso y muy completo recorrido de la historia de dicho periódico, entre la caída de Porfirio Díaz y la Semana Trágica. Su fundación tuvo un objetivo específico: apoyar y defender al movimiento y al gobierno constituidos por Francisco I. Madero. Como bien nos dice el autor, su libro es el primer acercamiento a fondo de los diversos elementos que constituyeron Nueva Era, es decir, nos da, como suelen hacerlo los textos que tratan inicialmente un tema, un recuento básico de la historia de dicho periódico: cómo se constituyó, su objetivo político, características de su forma y contenido, los periodistas y colaboradores que participaron en su edición, su ejercicio periodístico, la manera en que se desarrolló y cómo desapareció la primera quincena de febrero de 1913, durante la Decena Trágica. El texto vio la luz por primera vez en agosto de 2010 como tesis de licenciatura “Dos Siglos de Historia (1811-2010)”, misma que obtuvo el premio a la mejor tesis de licenciatura alusiva a la revolución mexicana, otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de México por medio de la Comisión Universitaria para los festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución. La obra está bien escrita y su contenido es sin duda original e ilustrado con abundantes y atractivas imágenes de la época, sobre todo caricaturas, aunque la tesis debió haberse pulido más antes de ser publicada como libro, a fin de evitar repeticiones. También es necesario reclamarle al autor por la ausencia de una bibliografía más vasta referida al maderismo, pues resalta la falta de textos clásicos y recientes sobre el tema, debido a lo cual algunas menciones sobre la relación entre Nueva Era y el movimiento maderista resultan pobres.1

En la parte referida a los antecedentes de la creación de Nueva Era, luego de hacer un recorrido por las características de la prensa durante el porfiriato, el autor nos dice que el periodismo de oposición logró que a fines de dicho periodo resurgiera el debate político, dando lugar a la aparición del que sería el antecedente inmediato de Nueva Era, el diario México Nuevo, dirigido por Juan Sánchez Azcona. Financiado a nombre del viejo y respetado periodista Filomeno Mata -un opositor vitalicio a las continuas reelecciones de Porfirio Díaz- y sin rotativas ni linotipos propios, México Nuevo se imprimía en las prensas de El Diario del Hogar; la mayoría de los periodistas que formaron parte de su equipo fueron partícipes de la creación y el desarrollo de Nueva Era como directores, jefes de redacción, reporteros o colaboradores. Con acierto, el autor propone denominar a las publicaciones que estaban en contra de gobierno de Porfirio Díaz “periodismo opositor”, más que periodismo independiente (como se lo llamaba en la época), puesto que la mayoría de ellas pertenecía a un grupo específico que buscaba el poder y eran utilizadas para difundir sus ideas, proyectos y críticas, como era el caso de México Nuevo.

En el capítulo “Las razones de Nueva Era” Ricardo Cruz García nos presenta un panorama de la prensa durante el gobierno de Madero. Destaca el hecho conocido de que la mayoría de los periódicos se caracterizaron por su oposición a dicho gobierno, constituyendo esto una paradoja, pues Madero llegó a la presidencia de México respetando a carta cabal uno de los principios básicos de su programa de gobierno, la bandera de la libertad de expresión. Sin embargo, durante su mandato sufrió las consecuencias de ese derecho, ejercido ya sin límites por los periodistas por medio de editoriales, crónicas, caricaturas, reportajes y artículos de opinión. La crítica hacia el gobierno se acentuó después de que el jefe del Ejecutivo retiró del erario a los periodistas y dejó de subvencionar a los diarios, otrora sostenidos por el régimen porfirista. La frase de Gustavo A. Madero sobre este asunto es muy elocuente; refiriéndose a los periodistas afirmó: “Muerden la mano que les quitó el bozal”. Varios historiadores, entre ellos Javier Garciadiego, Stanley Ross y María del Carmen Ruiz Castañeda, coinciden en otorgar a los periódicos opositores un papel significativo en la caída del régimen revolucionario, pues el presidente no supo crear una red de prensa sólida que apoyara a su gobierno, es decir, en palabras de Garciadiego, “[El] problema consistió en que la prensa que le era favorable no fue capaz de balancear a la que le era hostil y ante la cual fallaron sus intentos de mediatización y control”.2

La maquinaria con la cual se editó Nueva Era no fue de las mejores de su tiempo, para dicho periódico el aspecto formal no era una prioridad; sus elementos gráficos se basaron en un modelo tradicional en que lo más importante era el contenido. Tuvo un tiraje aproximado de 100 000 ejemplares por día y su costo era de 2 centavos. Si lo comparamos con los salarios diarios de los trabajadores, vemos por qué el autor considera que el periódico era accesible para una parte amplia de la sociedad mexicana.

¿Quiénes fueron sus lectores? ¿A quiénes iba dirigido el periódico? Según la opinión de Ricardo Cruz García, Nueva Era estaba destinado a la clase política, ya fueran maderistas u opositores. También lo leían algunos personajes de clase alta allegados a la familia Madero. Y los ciudadanos comunes seguidores de la Revolución, como obreros y agricultores, auxiliados por el diario y por las medidas tomadas por el gobierno y respaldadas por el partido maderista.

La población participaba con largas cartas en el contenido de Nueva Era. Incluso llegó a aparecer la sección “Del público” con textos enviados -muchos del interior de la república- por lectores que opinaban sobre algún asunto o problema del momento. A partir de octubre de 1912 el diario estableció un programa para “dar publicidad a todas las quejas que presente el público”, las cuales se incluían en la sección “Los sucesos del día”. Y lo que también resulta muy sugerente es que un mes después llamó a formar “clubs de responsabilidades oficiales” para que los lectores se encargaran de vigilar el ejercicio de los funcionarios públicos. La apertura de estas secciones seguramente tuvo que ver con el creciente descontento de la población con el gobierno, asunto que el autor no menciona. El maderismo se caracterizó por ser un movimiento en que la mujer tuvo un papel destacado; el periódico refleja este escenario. Por ejemplo, ante una serie de cartas provenientes de mujeres que pedían que la sección del hogar estuviera dirigida por una persona de su sexo, que hablara “el mismo idioma”, el cotidiano encargó la página femenina a una dama de la aristocracia mexicana.

En el capítulo titulado “Los jefes de Nueva Era”, Ricardo Cruz García nos brinda una biografía de cada uno de los directores que tuvo el periódico, que por cierto poseyó una conducción muy inestable, pues estuvieron al frente del mismo siete directores y dos encargados. Si bien nos ofrece una biografía lo suficientemente completa de cada uno de ellos, Cruz García no ahonda en las causas de esta falta de estabilidad en la conducción del diario, cuestión central pues podría, tal vez, explicar la falta de presencia política que tuvo el periódico, reconocida por el autor. El texto también refiere las características y los cambios que sufrió Nueva Era en cada gestión, cuestión a la que haremos referencia; en específico, Juan Sánchez Azcona estuvo encargado del periódico del 31 de julio al 5 de noviembre de 1911. Según sus propias palabras, “me retiré de la dirección pues comprendí que desde aquel momento [cuando Madero asumió la presidencia de la República] Nueva Era tenía que convertirse forzosamente en periódico gobiernista y sumiso y yo no he tenido nunca facultades para periodista ministerial”.3

La dirección de Serapio Rendón duró sólo 40 días, del 6 de noviembre al 15 de diciembre de 1911; los artículos más recurrentes fueron los referidos a la disputa por el poder o aquellos en que los maderistas confrontaban a sus opositores. Durante la gestión de Rendón las huelgas de los obreros fueron apoyadas y nació la sección “Para el hogar”, donde se publicaban artículos para las damas sobre moda, cuidado del hogar y de los niños.

El siguiente director fue Querido Moheno Tabares, quien estuvo a cargo de Nueva Era menos de un mes. Con base en el contenido del diario, el autor considera erróneas las interpretaciones que afirman que durante su gestión el periódico cambió radicalmente de línea editorial y se volvió antimaderista, pues el momento en el cual el futuro colaborador de Huerta comenzó a expresar públicamente su desacuerdo con el gobierno de Madero ocurrió después de su salida de Nueva Era.

Después de una semana sin director, Nueva Era anunció como sustituto a Manuel Bauche Alcalde cuyo periodo empezó el 4 de febrero y terminó el 23 de marzo de 1912, es decir, no cumplió ni dos meses al frente del diario. La gestión de Bauche Alcalde al frente de Nueva Era se distinguió por el esfuerzo de hacerlo un periódico con mayor información de interés general para atraer a más lectores. Así, en la edición dominical se entregaban 12 páginas por el mismo precio. También se dio mayor importancia a las notas de cultura y entretenimiento, como las relacionadas con los toros y el teatro. Asimismo se amplió la información noticiosa con columnas como “Alrededor del mundo”.

Con la llegada de Jesús Urueta y Siqueiros, el más prestigiado intelectual que estuvo al frente del periódico, Nueva Era se convirtió en el órgano oficial del Partido Constitucional Progresista (PCP), iniciando así otra etapa de su existencia.4 Con anterioridad, dicho partido había sufrido una serie de ataques y críticas por parte de sus opositores -en especial de la llamada Liga de la Defensa Social- encabezada por Trinidad Sánchez Santos y Jorge Vera Estañol. Como voz oficial del partido, Nueva Era tuvo como objetivo fundamental dar respuesta a tales ataques. Para ello dio a conocer en sus páginas las posturas sobre los temas incluidos en el programa político del pcp, en especial el desarrollo de la agricultura, el fomento a la instrucción pública, la reglamentación del artículo séptimo de la Constitución -referido a la libertad de imprenta- y la mejora de la condición del obrero.

Durante este periodo se dio mayor espacio a la política, las discusiones parlamentarias y las elecciones legislativas, en detrimento de la información general y las notas de deportes y de moda. El tema principal fue la rebelión de Pascual Orozco en el norte, asunto que acaparó las planas del periódico. El 30 de mayo de 1912 se anunció la salida de Jesús Urueta de la dirección por motivos de salud, aunque el autor agrega que tal vez lo había hecho para preparar su candidatura a diputado en la XXVI Legislatura. Después de su salida, el diario comenzó a perder importancia dentro de la prensa nacional y su influencia en la opinión pública fue cada vez menor debido a su falta de definición y a los administradores y periodistas inexpertos y casi desconocidos que lo dirigieron. Sus dos últimos directores fueron Antonio Enríquez y Jesús María Aguilar y González.

Resulta de interés el detalle que nos brinda Ricardo Cruz García en cuanto a los temas más significativos en los que se centró el periódico y su perspectiva al abordarlos. Por un lado criticó y denostó las rebeliones de Emiliano Zapata y de Pascual Orozco; en ambos casos se subestimaron las revueltas y se atacó a sus líderes. La información al respecto fue manipulada para no perjudicar la imagen del gobierno, por lo cual las derrotas, los errores y los fracasos de la administración maderista no existían para el diario. Sin embargo, una perspectiva muy diferente se tuvo respecto al sector obrero. El diario manifestó su apoyo a los movimientos obreros y a los gremios que organizaron huelgas y manifestaciones a favor de mejores condiciones de trabajo. El rotativo dedicó en varias ocasiones su primera plana a ensalzar una movilización de trabajadores, como la del 15 de noviembre en Torreón, en que éstos pedían una jornada laboral de ocho horas. Nueva Era también tuvo una sección de cuestiones agrarias. Se trataron muchos temas importantes como: legislación y políticas públicas, el programa agrario del gobierno, la propiedad de la tierra, el campo y sus trabajadores, recursos financieros, tecnología, desarrollo, cultivos, alimentos, mercado y comercialización; sin embargo, no se tocó el más delicado de los problemas, el reparto de tierras. Otros temas que destaca el autor fueron la instrucción pública, en especial la educación primaria; se debatió, desde diferentes perspectivas, sobre su federalización, la gratuidad y el horario de tiempo completo. También recibieron atención las relaciones con naciones extranjeras; se puso énfasis en estrechar los vínculos con los países latinoamericanos. En especial durante la dirección de Juan Sánchez Azcona, aparecieron noticias y artículos sobre España.

Finalmente, y en consonancia con los fines para los cuales había surgido, Nueva Era dejó de existir el 11 de febrero de 1913, dos días después del cuartelazo de Félix Díaz y Bernardo Reyes. El edificio, ubicado en la esquina de Balderas y Nuevo México, fue incendiado y saqueado por simpatizantes de los golpistas. En esa misma fecha circuló entre el público la última edición del diario, la número 5 333. Según las crónicas de la época, dos días antes, la porra maderista, grupo de choque cuya conducción se atribuye a Gustavo Madero, quien también era prácticamente el propietario de Nueva Era, trató de quemar las oficinas de los diarios opositores El País, La Tribuna, El Noticioso Mexicano y El Heraldo Independiente.5





Referencias bibliográficas
Cosío Villegas, Historia moderna de México, México, Hermes, 1985.
François-Xavier Guerra, México: del Antiguo Régimen a la Revolución, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, t. II.
Alan Knight, La Revolución mexicana. Del Porfiriato al nuevo régimen constitucional, México, Grijalbo, 1996, vol. II.
Javier Garciadiego, “La prensa durante la Revolución mexicana”, en Sólo Historia, 6 (oct.-dic. 1999), p. 30.
Ricardo Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013.
Juan Sánchez Azcona, Apuntes para la historia de la Revolución mexicana, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1961, p. 320.
Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica, México, Universidad Nacional Autónoma de México , 2013.
Alfonso Reyes, “Pasado inmediato”, en La “x” en la frente, México, Universidad Nacional Autónoma de México , 1993, pp. 204-205.
Begoña Hernández, “Gustavo A. Madero. De activo empresario a enérgico revolucionario (1875-1913)”, tesis de maestría en historia, México, Universidad Nacional Autónoma de México , 2002.

Notas al pie:

1.

fn1 A manera de ejemplo podemos mencionar: Cosío Villegas, Historia moderna de México, México, Hermes, 1985. François-Xavier Guerra, México: del Antiguo Régimen a la Revolución, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, t. II. Alan Knight, La Revolución mexicana. Del Porfiriato al nuevo régimen constitucional, México, Grijalbo, 1996, vol. II.

2.

fn2Javier Garciadiego, “La prensa durante la Revolución mexicana”, en Sólo Historia, 6 (oct.-dic. 1999), p. 30, en Ricardo Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013.

3.

fn3Juan Sánchez Azcona, Apuntes para la historia de la Revolución mexicana, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1961, p. 320, en Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013.

4.

fn4Alfonso Reyes describió a Urueta como un “poeta de los sentidos”: “educaba con aladas palabras el gusto estético de la juventud, haciéndole amar las cosas bellas y la Grecia francesa”. Alfonso Reyes, “Pasado inmediato”, en La “x” en la frente, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, pp. 204-205, en Ricardo Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013.

5.

fn5Begoña Hernández, “Gustavo A. Madero. De activo empresario a enérgico revolucionario (1875-1913)”, tesis de maestría en historia, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002, en Ricardo Cruz García, Nueva Era y la prensa en el maderismo. De la caída de Porfirio Díaz a la Decena Trágica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013.


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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 68, Núm. 2 (270) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Pablo Yankelevich. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 28 de noviembre de 2018. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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