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Mílada Bazant (coord.), Biografía. Métodos, metodologías y enfoques

Antonio Escobar Ohmstede*

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México

Historia mexicana,


Biografía. Métodos, metodologías y enfoques es un libro pionero en México que aborda, desde distintas perspectivas, lo que significa el renacimiento de este género: se exponen algunas de las nuevas orientaciones que han surgido en Estados Unidos y en Europa, sobre todo a partir de la década de los ochenta del siglo XX, mismas que las autoras y autores de esta obra conocen y discuten, y a la vez proponen nuevas ideas y alternativas. La “nueva biografía” plantea una forma “diferente de hacer historia” (Bazant, p. 21): a través del lente de un sujeto se percibe una multitud de contextos que no alcanzan a percibir o perciben tangencialmente otros géneros históricos.

Coordinado por Mílada Bazant, este libro resulta útil para todo aquel que desea emprender la aventura biográfica. Los capítulos provienen de historiadores que han escrito una o varias biografías (o varias biografías del mismo personaje: Hidalgo de Herrejón) o bien de otros que están en el proceso de investigación o publicación. Esta versatilidad en los modelos, métodos y prácticas biográficas aporta claves de utilidad para futuros biógrafos (Prólogo, Krauze, p. 14).

A decir de algunos autores de la obra que me permito reseñar, la biografía es la historia de la vida de una persona, narrada desde su nacimiento hasta su muerte, consignando sus hechos logrados, fracasos, sucesos relevantes de su vida, así como todo lo que pueda interesar de la misma persona; a decir de Mílada Bazant, “generalmente las biografías históricas se construyen en linealidad cronológica” (p. 18). Para ello se suele adoptar la forma de un relato expositivo y frecuentemente narrativo y en tercera persona de la vida de un personaje real desde que nace hasta que muere, o bien se puede iniciar a partir de un hecho relevante en la vida del sujeto -un “gozne” de acuerdo con Herrejón (p. 44)- y a partir de ahí la voz narrativa puede ir registrando con analepsis y prolepsis la sucesión de los acontecimientos (Bazant, p. 19). En su forma más completa, sobre todo si se trata de un personaje del pasado, explica también sus actos con arreglo al contexto social, cultural y político de la época intentando reconstruir de manera documental su pensamiento y figura. En este sentido Carlos Herrejón, a partir de sus trabajos en torno del cura Miguel Hidalgo, considera a “la biografía a partir de un diálogo entre el historiador y el biografiado” (p. 43).

Con base en lo que se manifiesta en casi cada uno de los catorce trabajos que cobija el texto Biografía. Métodos, metodologías y enfoques, el método biográfico es el uso sistemático y colección de documentos necesarios que describen puntos de inflexión de la vida de los individuos, digamos que del tipo institucional y administrativo. Por lo tanto, la investigación biográfica es el despliegue de las experiencias de una persona a lo largo del tiempo, incluyendo una selección consciente o inconsciente de recuerdos de los sucesos o situaciones en las que participó. Susana Quintanilla lo manifiesta de manera entusiasta al mencionar que “el regreso a la biografía involucra simultáneamente tanto nuevos objetos de estudio como formas de expresión” (p. 262). En este sentido encontramos la imaginación, la interpretación, la narrativa y la ficción, que es bien documentada y explicada por Mílada Bazant, y que es retomada por Celia del Palacio al presentar los problemas para hilvanar la historia y la ficción en las novelas históricas. Entusiasmo que encontramos en Ana Rosa Suárez, quien a semejanza de Quintanilla, Bazant y Mayo, resalta la importancia de la literatura en la historia y viceversa, así como del análisis de las emociones y los sentimientos del sujeto examinados no sólo desde el punto de vista interpretativo sino teórico (Bazant, pp. 242-243).

Es así que el método biográfico se entiende como los procedimientos seguidos para organizar la investigación en torno a un “yo individual o colectivo” que toma forma narrativa incorporando sus descripciones de experiencias de sucesos y sus interpretaciones (una posible meta es revelar las interpretaciones de sus protagonistas, tratando de descubrir cómo construyen su propio mundo). Como bien apunta Daniela Spenser en torno a Vicente Lombardo Toledano, el género de la biografía tiene el potencial de penetrar en el interior del individuo, la subjetividad en relación con los actos públicos del personaje (pp. 78-79).

Sin embargo, también se ha señalado que la elección del método biográfico se origina y sostiene en la propia historia del investigador o investigadora, como bien lo apunta María Teresa Fernández cuando considera que su análisis de biografías de mujeres es en parte “un fragmento de mi propia autobiografía” (p. 182), historia considerada como una globalidad, es decir, no sólo en relación con la historia académica de cada cual, sino también con la historia de la vida privada, de su concepción del mundo, de su ideología. Aspecto que significa una opción epistemológica, ética y metodológica, y que a su vez es resaltada por María del Carmen Collado en su texto.

En cuanto a la opción epistemológica, ésta implica adherirse a una concepción de la realidad que no es nunca externa al sujeto que la conoce, es decir, a una interdependencia entre el sujeto y el objeto de investigación. El investigador quedaría afectado y estaría implicado en el campo de la historicidad del narrador y del biografiado, lo que influye por tanto en la construcción (proceso y producto) del relato de su vida. Desde esta epistemología, la singularidad y la subjetividad adquieren el valor de conocimiento, por lo que para Mary Kay Vaughan, en la “nueva biografía” es “esencial la interpretación de la vida del sujeto y el significado histórico de esa vida” (p. 69).

En cuanto a la opción ética que significa el trabajo desde el enfoque biográfico, se sostiene que las implicaciones para este quehacer se traducen en dos aspectos. Por una parte, en las relaciones que se establecen entre los sujetos involucrados (investigador investigado; narrador-“escucha”), en tanto este enfoque modifica la relación asimétrica, estableciendo una relación de colaboración, un contrato de confianza basado en la calidad de la relación, una especie de cláusula de “complicidad”. Por la otra, su rigurosidad metodológica así como los aspectos éticos en el manejo de las técnicas, los procedimientos, entrevistas, recolección y análisis de datos, en las biografías y sobre todo en aquellas en que los descendientes forman una parte importante de la recuperación de la vida del biografiado, se requiere del investigador conocimientos y destrezas para manejar el tema de manera sensible, reflexiva y con una atención centrada en los narradores. Sin embargo, a decir de Francie Chassen-López las “entrevistas con familiares del biografiado pueden ser un campo minado para la biógrafa” (p. 156).

En tanto opción metodológica, el enfoque biográfico emerge como ruptura radical de la manera tradicional de concebir, analizar y comprender la realidad, ya que sostiene una mediación entre la historia individual y la historia social, aun cuando Mary Kay Vaughan menciona que el objetivo de la biografía en torno a José Zuñiga implica corregir la tendencia de la historia cultural a inscribir al individuo en una red de discursos y representaciones sociales que parecen restringir las posibilidades de creatividad y cambio (p. 55). Asimismo, María Teresa Fernández abunda, siguiendo a Mary Kay Vaughan, al decir que “es una de las formas más fértiles para la comprensión de la historia transnacional y transrregional, como el seguimiento de los flujos de personas, ideas, prácticas, y los bienes materiales y el papel de lugar en su apropiación” (p. 193).

Las biografías forman parte del campo de la investigación cualitativa, cuyo paradigma fenomenológico sostiene que la realidad es construida socialmente mediante definiciones individuales o colectivas de una determinada situación; es decir, se interesa por el entendimiento del fenómeno social desde la visión del actor, aun cuando María del Carmen Collado nos recuerda que quien hace la biografía “es hijo de su tiempo y que escribe a partir de sus experiencias presentes” (p. 229). De ahí que los datos obtenidos al utilizar la metodología de la biografía constan de ricas descripciones verbales sobre los asuntos estudiados, como lo muestra el estudio de C. M. Mayo. Además, se toma en cuenta el significado afectivo que tienen las cosas, situaciones, experiencias y relaciones que afectan a las personas. En tal sentido, este tipo de estudios siguen pautas de investigación flexibles y holísticas sobre las personas, escenarios o grupos objeto de estudio, quienes, más que verse reducidos a variables, son estudiados como un todo cuya riqueza y complejidad constituyen la esencia de lo que se investiga, aun cuando habría que pensar en la advertencia de varios de los autores acerca de cómo las repeticiones (una especie de mitos) se pueden convertir en verdad.

Podría considerar que la elaboración de biografías alude a un estilo o modo de investigar los fenómenos sociales que parten de un supuesto básico: el mundo social es un mundo construido con significados y símbolos, lo que implica la búsqueda de esta construcción y de sus significados. En este sentido representan un proceso de construcción social que intenta reconstruir los conceptos y acciones de la situación estudiada. Se trata de conocer cómo se crea la estructura básica de la experiencia, su significado, mantenimiento y participación por medio del lenguaje y de otras construcciones simbólicas del personaje. Para ello se recurre a descripciones en profundidad, reduciendo el análisis a ámbitos limitados de experiencia mediante la inmersión en los contextos en los que ocurre, como bien se muestra a lo largo de los diversos capítulos del libro.

Es así que uno de los métodos que ayuda a describir en profundidad la dinámica del comportamiento humano es el biográfico el cual se materializa en la historia de vida. En sus orígenes y trayectoria, el enfoque biográfico, ha desempeñado un papel importante en la vida social ya que era la manera de transmitir los conocimientos y experiencias de vida de una generación a otra. Podríamos decir que a lo largo de la historia las diferentes culturas han generado una rica variedad de formas orales, escritas y audiovisuales de carácter biográfico, referidas a autobiografías, confesiones, epistolarios o cartas, diarios, memorias y biografías. De esta forma los cuentos populares, canciones, refranes, leyendas, ritos y rituales, prácticas domésticas y extradomésticas, hábitos particulares y colectivos, que han constituido y organizado la vida de las diferentes sociedades humanas, forman parte de su historia oral. De igual forma, a lo largo de la historia aparecen narraciones autobiográficas de grandes personajes que permiten conocer el entramado social de un determinado momento histórico. También, en distintas disciplinas, tales como la medicina, existe una larga tradición de obras de carácter biográfico, que han contribuido significativamente por su carácter terapéutico.

Por lo tanto, la biografía es la forma que narra de manera profunda las experiencias de vida en función de la interpretación que una persona le haya dado a su vida y el significado que se tenga de una interacción social. En la biografía se recogen aquellos hechos de la vida de las personas que son dados a partir de lo que quieran decir los fenómenos y experiencias que éstas vayan formando a partir de aquello que han percibido como una manera de apreciar su propia vida, su mundo, su yo y su realidad social. Éste sería el eje de lo que presenta Francie Chasse-López en torno a la vida de Juana Cata Romero, siendo uno de los tres estudios sobre la biografía de mujeres. Una posición Semejante llega a sostener María de Lourdes Alvarado al presentar las vicisitudes de Laura Mantecón, esposa del general Manuel González, compadre de Porfirio Díaz.

Respecto a sus características, las biografías parecen representar una modalidad de investigación que provee de información acerca de los eventos y costumbres para demostrar cómo es la persona. Ésta revela las acciones de un individuo como actor humano y participante en la vida social mediante la reconstrucción de los acontecimientos que vivió y la transmisión de su experiencia vital, donde hay un importante juego en las implicaciones en torno a la veracidad, como bien lo analiza María de Lourdes Alvarado y que puntualiza Mílada Bazant cuando habla de los relatos verdaderos, los verosímiles y los ficticios, una manera sugerente de tres tipos de narraciones que puede utilizar el biógrafo para reconstruir el pasado (p. 245 y ss).

La información acumulada sobre la vida del sujeto: escolaridad, salud, desarrollo profesional, entre otros, tejida con los varios contextos históricos: familiar, local, nacional, internacional, complica el quehacer biográfico pues suele suceder que el contexto “se come” al sujeto; debe haber, sugiere Bazant, un equilibrio entre ambos (p. 22). La labor realizada por el investigador biógrafo es de narrador, transcriptor y relator. En este sentido, un buen ejemplo es el estudio de Rodrigo Terrazas sobre Francisco Olaguíbel durante una etapa álgida del republicanismo en México. Asimismo, un elemento central son las entrevistas sucesivas que es como se obtiene el testimonio subjetivo de una persona, de los acontecimientos y valoraciones de su propia existencia, tal como lo realizaron María Teresa Fernández y otros autores. Se narra algo vivido, con su origen y desarrollo, con progresiones y regresiones, con contornos sumamente precios, con sus cifras y significado.

Para ello el investigador, mediante una narrativa lineal e individual, utiliza grabaciones, escritos personales, visitas a escenarios diversos, fotografías, cartas, en las que incorpora las relaciones con los miembros del grupo y de su profesión, de su clase social. Como bien lo utiliza y lo documenta Esther Acevedo con respecto a Benito Juárez Maza, el único hijo varón “sobreviviente” del llamado Benemérito de las Américas, aunque precisa que las “varias lecturas que se pueden hacer de una fotografía nos pueden engañar; se necesita el contexto histórico de los documentos probatorios” (p. 127). Pero la biografía no sólo provee información en esencia subjetiva de la vida entera de una persona, sino que incluye su relación con su realidad social, los contextos, costumbres y las situaciones en las que el sujeto participó, lo cual no solamente desarrolla maravillosamente Esther Acevedo en este artículo sino en el libro que publicó recientemente sobre la vida de “Beno”.

Un elemento esencial es diferenciar los documentos en primera persona de aquellos en tercera. En el primer caso se refiere a cualquier documento escrito u oral sobre la vida de un individuo, proporcionado por éste “intencionalmente o no”. Incluye autobiografías (completas, temáticas, corregidas), diarios y anotaciones diversas (agendas, memorias), cartas, documentos expresivos (composiciones literarias, poéticas, artísticas, entre otro), manifestaciones verbales obtenidas en entrevistas, declaraciones espontáneas o narraciones. Los documentos en tercera persona aluden a los estudios de casos, historias de vida y biografías.

Por otra parte, hay autores en esta obra que proponen el tipo de materiales que habría que utilizar para construir y desarrollar el método biográfico, proponiendo la siguiente clasificación, y que sin considerar todos los que se mencionan, la mayoría, por no decir que todos los autores, los utilizan: a) Documentos personales: éstos engloban todos los registros escritos que reflejan una trayectoria humana o que dan noticia de la visión subjetiva que los sujetos tienen de la realidad circundante, así como de su propia existencia. Cabe destacar las autobiografías, diarios personales, correspondencia, fotografías, películas, videos o cualquier otro registro iconográfico, así como objetos personales, los cuales son abundantemente utilizados por cada uno de los actores de la obra, resaltando los análisis de Daniela Spenser, Esther Acevedo, María Teresa Fernández y Francie Chassen-López. b) Registros biográficos: aquellos obtenidos por el investigador a través de encuestas, como historias de vida, de relato único, de relatos cruzados, de relatos paralelos y de relato de vida, que si bien no son tan nítidos entre los autores, podríamos decir que están presentes.

No puedo negar que a pesar de mis orígenes académicos en torno a los denominados grupos subalternos y más específicamente respecto a los grupos indígenas, la lectura de un libro de este tipo ha despertado en mí grandes expectativas y espero ansioso la aparición de muchas de las obras que se mencionan que están en curso, y no me queda más que leer las que ya se encuentran publicadas, con el fin de lograr un adecuado balance en lo que las y los autores de este libro insisten, un necesario equilibrio de las visiones en torno a la historia.

Sin duda, este libro es un excelente impulso para conocer, valorar, construir y desarrollar el género biográfico, lo cual a su vez permite observar y percibir la historia de México desde otras perspectivas, dándole a los actores sociales individuales un papel mucho más importante dentro de su accionar e influencia en los momentos históricos en que vivieron y viven, y ayuda a repensar en el tipo de historia que se enseña en ciertos niveles de educación, donde a pesar de los constantes llamados se sigue priorizando la historia de los héroes y algunas heroínas. Este libro invita a escribir biografías “totales” de hombres y de mujeres, de carne y hueso, con virtudes y defectos, con penas y con glorias, para así poder aprender de historia de México de una manera diferente y más amena.

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Historia Mexicana, El Colegio de México, Vol. 69, Núm. 4 (276) es una publicación trimestral electrónica editada por El Colegio de México, A.C. Carretera Picacho Ajusco, Núm. 20, Ampliación Fuentes del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, México. Tel. (55) 54 49 30 67. Correo electrónico: histomex@colmex.mx. Editor responsable: Rafael Rojas. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm.: 04 – 2016 – 042513161800 – 203; ISSN (impreso) 0185-0172; ISSN (electrónico) 2448-6531, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Beatriz Morán Gortari, fecha de la última modificación: 18 de marzo de 2020. El contenido de los artículos publicados es responsabilidad de cada autor y no representa el punto de vista de Historia Mexicana. Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos o imágenes de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siempre y cuando sea para usos estrictamente académicos y sin fines de lucro, citando la fuente sin alteración del contenido y otorgando los créditos autorales.

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